jueves, 6 de septiembre de 2007

LA EXPLORACIÓN DE LA REGIÓN ANDINA DE LA PUNA DE ATACAMA.

LA EXPLORACIÓN DE LA REGIÓN ANDINA DE LA PUNA DE ATACAMA.

Los altos Andes del desierto de Atacama.
La zona conocida como Puna de Atacama en Argentina y desierto de Atacama en Chile incluyendo también las cuencas salinas del sur del altiplano, es un inmenso e inhóspito desierto a 3500 a 4500 metros de altura donde se encuentran los volcanes mas altos del mundo.
De clima rigurosamente seco, en el transcurso de un día pueden repetirse las cuatro estaciones debido a la notoria amplitud térmica. En el poblado jujeño de Tres Cruces se contabilizaron en cuatro décadas un promedio de 337 días de helada al año. La Puna, por encima de los 3500 mts., virtualmente carece de agua y tiene escasas cuencas con ríos de corriente permanente. La densidad de población humana en la poción puneña de Catamarca es de 1 habitante cada 33 km. cuadrados. La zona andina de Atacama es un desierto de altura despiadado y la porción que se encuentra entre las altas cumbres y la costa del Pacífico es el sitio mas seco del mundo, registrándose 1 precipitación cada 40 años. Durante décadas guardó espacios blancos en sus mapas y croquis con la leyenda “inexplorado”. Alberga mas de la mitad de las grandes cumbres de occidente y el acceso a dichas cimas es riguroso y complicado. El agua que surca el seco terreno contiene muchas veces arsénico y sales que la hacen no potable y enormes salares y salinas tiñen con su blanco los vastos territorios rojizos o marrones que no conocen el verde de la vegetación. En éste marco algunas expediciones se dirigieron a sus codiciadas montañas.

Las expediciones pioneras y los ascensos de la década del 80.
Cronológicamente, los primeros ascensos de algunos de los cerros mas altos de la región correspondieron a los incas, que los ascendieron por motivos religiosos entre 1480 y 1530. Luego las cumbres permanecieron en absoluta soledad por mas de tres siglos hasta que comenzó lo exploración moderna.
Haciendo una rápida revisión de los pioneros de la misma, debemos retrotraernos a las comisiones de límites argentina y chilena de principios del siglo XX. Las comisiones levantaron croquis de los cordones fronterizos y escalaron algunos nevados de más de 5000 metros.
Luego los científicos – exploradores, entre los cuales los alemanes Walter Penck y Federico Reichert encarnan la máxima expresión, recorren los valles en distintas campañas geológicas. Los mayores logros del primero fueron los primeros ascensos del Incahuasi (6638 mt), San Francisco (6018 mt) y Peñas Azules (5935 mt). Fritz Reichert, escala el nevado de Chañi (5895 mt) e intenta el Cachi (6380 mt) y Antofalla (6409 mt) en 1904 y asciende el Socompa (primer ascenso moderno) e intenta el Llullaillaco (6739 mt) en 1905.
Dando inicio a las expediciones exploratorias deportivas, el punto de partida es la segunda Expedición Polaca (1937) que logra los primeros ascensos del Pissis (6882 mt), Ojos del Salado (6879 mt), Tres Cruces Sur (6749 mt), Tres Cruces Central (6630 mt), Nacimiento (6436 mt), Copiapó (6052 mt.) y Patos (6239 mt). Esta expedición completó los ascensos de la primera (1934) que había escalado el Mercedario, Ramada, Alma Negra, La Mesa y el Aconcagua. Una tercera expedición polaca fue truncada por el inicio de la guerra en 1939 pero sin dudas hubiera sido el epílogo de los ascensos exploratorios mas relevantes de la región.
El Conde Aldo Bonacossa dirige en los Andes tres expediciones en 1934, 1937 y 1939, la primera se desarrolló en la zona del Aconcagua (7º ascenso), la segunda a la zona del Fitz Roy y la tercera a la región andina de la Puna realizando los primeros ascensos del Tocorpuri (5755 mt) y el Pili (6046 mt) y ascendiendo el Lincancabur (5916 mt).
En la décadas de 1950 se logran los primeros ascensos modernos del Cachi (1950) por Pellicelli, Hoyegard y Di Pasquo, del Llullaillaco (1952) por Bion González León y Juan Harseim y del Antofalla (1954 mt) por Cvitanic, Rubio y Vallmitjana.
Tras las huellas de los polacos los andinistas del Club Andino Tucumán recorrieron la zona en la década del 50 logrando importantes ascensos entre los que se destacan el primero argentino al Ojos del Salado, el segundo al Solo (6205 mt) y los primeros al ATA (grupo Walter Penck, 6497 mt) y Arrieros (5898 mt). En 1960, Sergio Bossini, también de Tucumán, logra los primeros ascenos del Salín (6029 mt) y del Pular (6233 mt)
Mathias Rebisch (Austria) junto con el matrimonio Bollinder y otros expedicionarios, dirige expediciones logrando el segundo ascenso al Ojos del Salado, el quinto al Llullaillaco (6739 mt) y el segundo al Galán (5912 mt). También escalan varios cincomiles de la zona del paso de San Francisco y los Bollinder logran el primer ascenso del Fraile o Incahuasi Chico (6061 mt). Vicente Cichitti descubre en los 50 la ruta mas directa por Argentina al Ojos del Salado (por el valle de Cazadero Grande) y logra el primer ascenso del Bonete (6759 mt) en 1970. También recorre la zona del Pissis, obteniendo una expedición dirigida por él el priemer ascenso de la cumbre este del Pissis en 1983.
En 1970 una expedición japonesa con integrantes chilenos reclaman el primer ascenso del Walter Penck y otras cumbres menores de la zona. Gastón Muga (Chile) logra en 1973 el ascenso a dos o tres cumbres del macizo del Tres Cruces y asciende en primera la cumbre norte (6030 mt).
En la década del 80 el antropólogo norteamericano Johan Reinhard logra los segundos ascensos del Pissis y Walter Penck (6658 mt) y segundo del Bonete todos por rutas nuevas. Lleva también a cabo los primeros del Reclus (6335 mt), Gemelos (6196 mt) y segundo del Veladero (6436 mt). Todos estos ascensos los realiza desde la cuenca de la caldera del Inca Pillo, siendo el primer andinista en recorrer la misma. La campaña de Reinhard se completa con innumerables escaladas a más de seismil metros en toda la Puna argentino chilena, buscando rastros de culturas precolombinos. En 1999, en una de sus últimas incursiones en la Puna, descubrió tres momias en la cumbre del Llullaillaco.
Dentro de los arqueólogos argentinos se destaca la actividad de los miembros del CIADAM (Centro de Investigaciones Arqueológicas de Alta Montaña) en especial de Antonio Beorchia Nigris (italiano, radiacado en San Juan) que recorre la cordillera desde la década del 60, logrando entre otros primeros ascensos el del Veladero en 1985.
Nuevas expediciones tucumanas, en la segunda parte de la década del 80, son organizadas por Orlando y Claudio Bravo. Se logra el primer ascenso del Medusa (6120 mt), y se escalan el Olmedo (segundo ascenso, ruta nueva) Ojos del Salado y Gendarme Argentino (quizá primer ascenso a la cumbre principal, ya que Rebisch en 1956 escaló el mismo cerro sin aclarar a que cumbre llegó).
Philippe Reuter, francés radicado en Chile, a fines de los 80 y principios de los 90 lleva adelante el proyecto Sky Top Ten, que consistió en escalar y descender esquiando los 10 volcanes más altos del mundo. En ese marco abrió ruta en el Walter Penck (nevero SE) y ascendió el Tres Cruces Sur, Bonete, Pissis Este, Nacimiento, Llullaillaco, Ojos del Salado e Incahuasi. Otros exploradores completaron las páginas pioneras y sentaron las bases para exploración final que se llevaría a cabo a partir de 1994.


Los últimos 10 años.
Desde 1994 varias expediciones desarrollaron intensa actividad exploratoria en la zona complementando los ascensos de los primeros andinistass de la región.
El objetivo fundamental han sido los 6500 locales, aunque también se han logrado otros ascensos relevantes en montañas de 6000 y 5000 metros.
Jaime Suarez, andinista español radicado en Mendoza, dirigió varias expediciones desde 1992 coronando prácticamente todas las más altas cumbres de Atacama. Abre rutas en el Bonete (SO, actualmente normal), Walter Penck (SE, actualmente normal), Tres Cruces Sur (SE), Incahuasi (variante filo Norte) y pico ATA del Walter Penk (6497 mt. Ladera NO, ruta de los Arianos), y asciende el Pissis, Pissis Este, Ojos del Salado, Llullaillaco, Nacimiento, Veladero y varios cincomiles. Hasta que Suarez publicó los datos obtenidos en sus travesías, pocas publicaciones habían hecho eco de los logros en la región.
En el verano austral de 1995 el canadiense Greg Horne alcanza las cumbres del Ojos del Salado, Pissis, Tres Cruces Sur y Central (6630 mt) y Bonete, publicando en la revista Climbing un extenso artículo de la zona.
El montañismo salteño ha logrado gran cantidad de ascensos a seismiles puneños. Se destacan los ascensos al Ojos del Salado, Tres Cruces Sur, Incahuasi, Llullaillaco, Bonete, la primera travesía integral de los Nevados de Cachi (6380 mt), travesía Salín - Socompa, Quewar (6102 mt), Aracar (6095 mt) y un sinnúmero de cincomiles en primer ascenso. Sea como líderes o formando parte de los grupos cabe destacar a Alejandro Giménez Gambetta, Cristian Vitry, Rodolfo Ramos Cointte, Tata Pastrana, Flavio Lisi y Enrique Pantaleón.
John Biggar (Escocia) dirige expediciones en 1996 al Pissis y Walter Penck. Logra en el mismo año el primer ascenso del Nacimiento del Jague (5829 mt). En 2000 asciende al Bonete, Reclus (6335 mt), Veladero y logra el primero del Baboso (6070 mt). En 2003 asciende el Tres Cruces Sur y otros seismiles en la zona de la Laguna Verde chilena.
Alex Von Gotz lidera a los alemanes que entre 1999 y 2002 abren ruta en el Walter Penck (SO) y ascienden el Ojos del Salado, Muerto (6488 mt), Tres Cruces Sur y Central, Veladero, Nacimiento y Pissis.
Las expediciones organizadas en Mar del Plata entre 1998 y 2003 exploran la zona logrando varias primeras. En 1998 ascienden la ruta Norte del Pissis, actualmente denominada como Normal, partiendo de un nuevo campo base conocido hoy como campamento Mar del Plata. En 2000 se logra el primer ascenso de la Sur Directa del Tres Cruces Sur. En 2003 se abre la ruta SO del Bonete siguiendo tres grandes neveros. En 1999 se alcanza por primera vez la cumbre sur del Walter Penck por una variante de la ruta francesa (SE) y en 2001 la primera de la ruta NE del Vallecito (6168 mt). Además se lograron los primeros ascensos modernos del Archibarca (5629 mt) e Inca del Mar (5135 mt) y las cumbres del Ojos del Salado, Llullaillaco, Socompa, Famatina (6097 mt), Quewar y Cachi.
Henri Barret (Francia) entre 1999 y 2000 logra los primeros ascensos del Vallecito, Colorados (6053 mt), Condor (6373 mt), Cumbre del Laudo (6152 mt) y Aguas Dulces (5642 mt). Conocedor como pocos del norte de Catamarca, ha alcanzado con vehículos 4x4 todas los pedemontes de los cerros que ascendió. Barret fue quien logró la mayor cantidad de seiesmiles vírgenes en la última década.
La Sierra Nevada (6175 mt) uno de los últimos seismiles vírgenes, fue alcanzado por la expedición de Robert Ayers en 2000 desde Chile.
El Grupo Rosarino de Alta Montaña realiza dos ascensiones destacadas en 2000 y 2001: el primer ascenso por el sur del Tres Cruces (faz SO) y el primer ascenso invernal del Patos.
El grupo mendocino liderado por Fernando Santamaría asciende varios seismiles destacándose la primera invernal del Incahuasi en 2003 y los ascensos Pissis (segundo argentino) y Bonete.
A partir de 2001 Dario Bracali (Buenos Aires) asciende en forma sistemática todas las cumbres principales de mas de 6500, mientras recopila datos para la primera guía de los 6500 andinos. En 2001, el Incahuasi, Ojos del Salado y Pissis. En 2002 Llullaillaco y Bonete. Por último en 2003, el Walter Penck, Nacimiento, Tres Cruces Sur y Central. Además asciende la mayoría de los cincomiles de la zona del paso de San Francisco. Resuelve el acceso a la ruta Normal del Walter Penck desde el SO y facilita varios mas.
En noviembre de 2003 la expedición federal compuesta por los grupos de Tucumán, Buenos Aires y Mar del Plata luego de algunos ascensos preparatorios y de la exploración del valle que discurre entre el cordón de los Arrieros y el cordón de Barrancas Blancas asciende el Ojos del Salado logrando la medición de la altura relativa entre los dos torreones cumbreros, finalizando con una controversia de casi 50 años. En esa oportunidad se determina que ambos son iguales.
Otros ascensos relevantes en la última década fueron los protagonizados por Jonson y Ruth Reynoso (Pissis, Ojos del Salado, Incahuasi, etc.), la Agrupación de Montaña Calchaquí (Pissis II, Ojos del Salado, Fraile), Alain Delclaude (Ojos del Salado, Pissis), el grupo italiano liderado por Luis Gadens (primera a pared sur del Pissis), Alain Malafosse (Tres Cruces Sur, Bonete, etc) y otros andinistas que recorrieron la zona en búsqueda de nuevos desafíos.
La última página de la historia de la exploración de la zona la escribió un grupo argentino (Cordoba) que realizó en marzo de 2003 la primera travesía sur- norte del Pissis por una variante de ascenso de la ruta italiana d 1990.
En los últimos diez años de exploración se han logrado casi todas las rutas lógicas a los principales picos. El futuro se abre para los primeros ascensos de cumbres subsidiarias, rutas por laderas poco accesibles o primeras invernales.

SOCOMPA: el mirador del Llullaillaco

SOCOMPA: el mirador del Llullaillaco.

Un grupo marplatense coronó la cumbre del volcán salteño, en el marco de una expedición que en abril y mayo de 2000 recorrió los bellos y salvajes paisajes de la Puna buscando hollar las cumbres del Socompa y el Llullaillaco.


El Volcán:
El Socompa es una de las altas cumbres superiores a 6000 metros que engalanan la bella cordillera puneña. En el límite entre la provincia argentina de Salta y Chile, eleva sus 6031 metros cerca del rey de la puna: el Llullaillaco (6739 mts.). Junto a otros gigantes como el Salín (6022 mts.), el Aracar (6095 mts.), el Arizaro (5774 mts.) y los macizos nevados de Pajonales y Pulares (6233 mts.) conforman la línea de altos volcanes que coronan esa porción de los Andes. Su ubicación precisa es 24º 24’ S 68º 16’ O.
Para acceder al puesto Socompa, al pie del volcán, dos son las alternativas. Ambas tienen en común la belleza de lo inhóspito y la rigurosidad del ambiente. Se puede recorrer el camino que luego de San Antonio de los Cobres atraviesa el salar de Pocitos y de Arizaro y llega al puesto fronterizo a 3876 metros, o bien, en el ferrocarril General Belgrano, Ramal C 14, que nace en Salta, como el mítico tren a las Nubes, y luego de 2 días muere en Socompa.
El primer ascenso data de 1905 y fue logrado por el Dr. Federico Reichert. El joven químico alemán logró su victoria en solitario, luego de fracasar con su compañero Roberto Helbling, en el que fue probablemente el primer intento moderno de alcanzar la mágica cumbre del Llullaillaco.
Con el correr de los años y la llegada del ferrocarril, el Socompa se convirtió en un codiciado objetivo del andinismo. Motivadas por la cercanía del puesto fronterizo muchas expediciones se han dirigido al volcán dormido, buscando algunos su primer cumbre de mas de 6000 metros.
Tres son las rutas para acceder a la cumbre principal: la clásica por la faz sur y filo SO, la inaugurada por Sergio Bossini por la lengua nevada del Este y la del cañadón chileno que se une a la clásica en los 5500 metros, aunque es probable que ésta nunca se haya completado hasta la cima. Actualmente el itinerario mas utilizado es el del flanco este y es intentado desde los 4200 metros de la base.

Salida desde Mar del Plata
El 6 de abril de 2000, salimos de Mar del Plata con el ambicioso fin de conseguir los ascensos del Socompa y del Llullaillaco. Luego de un día en Salta adaptándonos a la gastronomía norteña entre empanadas, locro y los buenos vinos de esa provincia, comenzamos el viaje que nos llevaría a Socompa. Con el objeto de aclimatarnos pasamos una noche en San Bernardo de las Zorras y tres en San Antonio de los Cobres, donde aprovechamos a subir varios cerros y a seguir conociendo las delicias salteñas, ahora en el restaurante El Aguila pero siempre con un buen vino o una refrescante cerveza.
Seguimos viaje, haciendo “turismo minero”, visitando establecimientos abandonados y recogiendo vestigios del rico pasado que supieron tener. Cruzamos Los Colorados y el salar del Diablo. Ascendimos las siete curvas y más tarde llegamos a Tolar Grande, donde nos reaprovisionamos de gasoil. Continuamos por la ruta 27 que atraviesa el gran salar de Arizaro, uno de los más extensos de América, donde sus cristales se quedaron con el primer auxilio de la camioneta. Luego de observar extasiados el quebrado mar blanco, y ver recortados en el horizonte el Arakar, el Arizaro y el Antofalla llegamos a Caipe, una estación que supo ver la plenitud de la Azufrera La Casualidad. Allí la ruta 27 gira al sur y por un tramo de asfalto de 68 km. nos deja en el pueblo fantasma, que hace ya mucho tiempo albergó a 1200 personas. En La Casualidad vivían los trabajadores de la Mina Julia junto a sus familias. Había Iglesia y prostíbulo y las calles tenían nombre. Un cablecarril de 27 km. unía el pueblo con la mina, para trasladar el azufre en las 260 tolvas desde el cerro Estrella.

La Casualidad.
La vista del poblado era sobrecogedora. Eran las siete de la tarde y soplaba un gélido viento. Recorrimos las construcciones saqueadas y destruidas y acondicionamos una para pasar la noche. Ya instalados, un fuego en el hogar de la vivienda que ocupamos, entibió nuestros cuerpos e hizo propicio el ambiente para compartir amistosamente varios desafíos de truco, hasta que una pareja luego de apenas ganar un chico decidió abandonar. Nos entregamos entonces a seguir adaptando nuestro organismo a la altura (ya estabamos a 4000 metros) y a la realidad gastronómica de la montaña, y nos embarcamos en sofisticados platos entre los que sobresale un pastel de papa que nada tuvo que envidiar a los de la ciudad.
Al otro día recorrimos el poblado, asombrados por la calidad de las construcciones aisladas del frío por gruesos paneles de corcho. La visión de las vagonetas aún cargadas con azufre tiradas aquí y allá traían a nuestras mentes la historia de la plenitud y la violenta decadencia de la industria minera. Buscando elementos del pasado pudimos encontrar objetos de 1944, documentos de la Compañía Británica de Construcciones Limitada, el Ministerio de Ejército, el Establecimiento Azufrero Salta y de Fabricaciones Militares. En su plenitud se extrajeron 200.000 toneladas por año, de la mina Julia emplazada en el cerro Estrella. A mas de 5000 mts. vivían 650 mineros, mientras que sus familias habitaban en La Casualidad. El descubrimiento del mineral ocurrió en febrero de 1940 y aunque en las crónicas de la época se afirma que fueron ingenieros los que lo realizaron, la leyenda dice que fue Alegre, único habitante de Quebrada del Agua, que buscando el vital líquido, por casualidad encontró azufre.
Varios zorros acompañaron nuestro paseo hasta que una suave nevada nos mandó a nosotros hacia la casa y a ellos hacia sus madrigueras. Nos volvió a unir la cena, ya que se invitaron a comer lo que les arrojábamos desde la puerta.
Luego de dos días de permanecer en estos parajes continuamos por la huella que lleva a la Mina Julia, ascendiendo hasta los 5100 metros llegando casi a las construcciones abandonadas. El frío se hacía sentir y volviendo sobre nuestras huellas tomamos el sendero hacia la base del Llullaillaco que ya reinaba en el horizonte dominando todo el cuadrante norte con su glaciar sur.
La camioneta avanzaba bien en 4 x 4 sin necesidad de poner la baja, rodeamos el cerro Rosado y al mediodía llegamos al campamento conocido como “de cine”, en la ladera sur del Llullaillaco. Dejamos el porteo que llevábamos para recuperarlo en unas semanas cuando emprendiéramos la escalada del octavo coloso de América.
Los kilómetros pasaban y ya mirábamos con desconfianza el consumo de gasoil, aunque según los cálculos de Fabián alcanzaría para llegar a Socompa y volver hasta Tolar Grande a reaprovisionarnos.
Faldeamos el cerro Mellado, el de la Carpa y vimos el camino que lleva al puesto fronterizo. Ver quebrada del agua, la laguna Socompa y los perfiles del volcán y el Salín me hizo sentir en lugares familiares. Luego sentí cierta nostalgia al ver el poblado tal cual estaba cuando estuve con Marcos y el Capi para ascender el Socompa y el Socompa Caipis.

Socompa.
El poblado no es mas que unas cuantas casas que albergan a los trabajadores del ferrocarril y la aduana y las construcciones de Gendarmería Nacional. Las vías del tren van y vienen de Chile y hay una cancha de fútbol cuya línea central es el límite internacional. No hay luz ni agua. Un pequeño grupo electrógeno instalado en los últimos años brinda dos horas de energía a los gendarmes, mientras que el agua la transporta el tren. Nos recibió el sargento ayudante Mario Vega y nos ofreció alojamiento en una casa aledaña a la de ellos. El primer trato seco fue transformándose poco a poco en cordial y el mate entibió nuestros cuerpos y espíritus. Largos campeonatos de ping pong y truco fueron moldeando una relación con los gendarmes que una vez mas me hizo pensar en la extraña política de esa fuerza de seguridad de abandonar a su suerte a cuatro personas por puesto fronterizo.
Una de las mañanas salí a caminar pensando en las vivencias y personajes de hace siete años. Recordaba el ascenso al Socompa Caipis, el intento al Socompa, y la gente que conocí en esa oportunidad. Creía ver a mis compañeros de ese entonces visitando a los aduaneros o los trabajadores del ferrocarril. Analizaba una vez mas la veracidad de la escalada hasta la cumbre de los gendarmes que decían haber llegado una vez que nosotros bajamos. Igual faltaba poco para averiguarlo, ya que con leer el libro de cumbre no tendría mas dudas.
Ensimismado en mis pensamientos me cruzo con una persona avejentada que me recordó a Gerónimo, un ferroviario con quien compartí la cumbre del Socompa Caipis en 1993. Lo saludo y dispuesto a no quedarme con la intriga, lo interrogo sobre cuantas veces subió el “Socompita”: “Una vez, con unos muchachos de Mar del Plata, hace varios años” Era mi hombre, pero además agrega “es muy lejos y hay que ser duro para llegar”. No pude dejar de recordar como llegó a la cima, en cuatro patas y bufando, con las manos heladas y habiendo realizado innumerables ofrendas a la Pachamama. Nos dimos un abrazo y charlamos un rato.
A la noche tomando unos mates en Gendarmería, conté la historia y relaté los pormenores de aquella escalada rica en anécdotas y recuerdos.



Hacia el campo 1
Dos días pasamos comiendo y paseando y al tercer día comenzamos el ascenso. Recorreríamos la ruta clásica e intentaríamos hacerlo en tres días.
Partimos una mañana de los 3876 metros, dispuestos a instalar el campo 1 cerca de los 4500 metros.
Cruzamos la planicie ascendente llena de toperas que lleva hacia las estribaciones del volcán. Campos de piedra pómez y arena son el terreno a superar mas adelante y luego la pendiente es mas pronunciada. Nuestro ritmo era constante pero no rápido, para no desgastarnos mucho y adaptarnos a la altura. Ascendemos en fila sin conversar mucho pensando en el objetivo. Seguramente Fabián González (29), amigo de la infancia, camina tranquilo en busca de su cuarto seismil, Pablo Pepo Fernández (28), con quien comparto mi amistad desde los 10 años, debe ir expectante en busca de su primer contacto con la altura luego de años de escalada técnica, Mariano Buenaventura (24), camina, camina y camina muy seguro luego de años de deporte duro y su reciente ascenso a una de las cumbres del Walter Penck, Toni Moreno, con sus 56 años y mas de 10 de maratonista debe buscar el equilibrio entre sus experiencias en montaña y el esfuerzo de la maratón, además de ir pensando en como seguir bancándose a sus “jóvenes compañeros”. Por mi lado paso a paso busco reencontrarme con el cerro y busco mi segunda oportunidad de hollar la cumbre.
Encuentro lugares conocidos y superamos la ubicación del campamento de 1993. En 4600 metros, junto a una gran roca y en medio de un torbellino comenzamos a armar las carpas. Con bastante abrigo y los guantes puestos vamos desplegando las tiendas y ensamblando los parantes. Casi sin tiempo de armar una pirca alrededor de ellas nos metemos dentro cuando imprevistamente comienza a nevar. La mañana soleada y despejada y la presión alta no presagiaban la tormenta que pronto nos envolvió. Comimos sosteniendo la carpa y tratamos de dormirnos temprano. La nieve comenzó a acumularse y la carpa donde dormían Toni y Mariano cedió ante los embates del viento. Un parante quebrado y la carpa caída fue el saldo, además de una variada gama de insultos y amenazas a los que dormíamos en la carpa aledaña, porque no entendían como no nos habíamos despertado cuando nos pedían ayuda a la madrugada.
La tormenta continuaba y el Socompa ahora era blanco. Toni decidió bajar y Pepo lo acompañaría para traer mas comida ya que se prolongaría el tiempo en la montaña.
Los que nos quedamos dormimos un rato, tomamos mate y sopas y comenzamos con los interminables tutti frutti que serían un clásico del viaje.
Durante la tarde le escribo otra carta a mi hija Flor, ya que le encanta recibir muchas y escritas en lugares insólitos como campamentos de altura o en las cumbres mismas.
Cerca de las 16 hs. regresa Pepo con un surtido de latas y asado que nos mandan los gendarmes. Esa noche solo nos faltó el vino. Había dejado de nevar y el viento seguramente volaría algo de lo acumulado.

Hacia la cumbre:
El 19 de abril amaneció ventoso y frío. Desayunamos y emprendimos el ascenso. La ruta clásica asciende por un gran acarreo buscando el filo SO alcanzándolo en un roquerío conocido como “primer diente”. Nosotros ascendimos directamente hacia el “segundo diente” ganado velocidad a costa de mayor esfuerzo. El tramo fue duro y entrada la tarde armamos el segundo campo de altura a 5300 metros en el lugar donde se desciende al cañadón chileno. La carpa apenas entraba en el único balcón semi plano que encontramos. Tomamos té de limón y dormimos bastante bien.
El frío fue intenso durante la noche y en la mañana del 20 desayunamos té con galletitas y partimos hacia la cumbre. Recorrimos el cañadón presos de las sombras de los enormes paredones del contrafuerte sur, cruzando de un lado al otro el curso de agua helado. La temperatura baja nos consumía y las manos enfundadas en varios pares de guantes no sentían lo que tocaban.
En los 5500 metros llegamos a una playa amplia bañada por el sol. Rápidamente nos recuperamos del frío y nos deshicimos de algunas prendas. Descansamos al sol y calculamos lo que nos faltaba. Bordeamos un gran nevé que baja de la antecumbre y agotados alcanzamos los 5870 metros.
Desde ese punto divisábamos la pirámide cumbrera y realmente parecía muy lejana. Un breve descanso y otra vez a caminar sin pensar mucho. Paso a paso avanzamos por el pedrero final hasta el último escalón que requiere una corta escalada de unos tres metros. Uno a uno subimos y juntos caminamos los últimos pasos hasta la cumbre. Llegamos, nos abrazamos y apreciamos la inmensidad de la cordillera. El Llullaillaco reinaba en el paisaje. Filmamos, sacamos fotos y disfrutamos una hora en la cima, prácticamente sin viento, por primera vez en la expedición. Hablamos, pensamos y sentimos juntos compartiendo sueños y dedicatorias.
Luego de la emoción alzamos la cruz caída de la cumbre que colocara el club Janajman y la colocamos en la pirca cumbrera. Era una de las cosas que había quedado pendientes del viaje de 1993. Luego cuando ya erguida era el punto mas alto del volcán, sentí que finalmente estaba cumplida la promesa que nos hicimos con Marcos Cocconi aquel año, cuando la vimos caída en las fotos que nos mostraron unos amigos salteños.
Leímos detenidamente el libro de cumbre y dejamos uno nuevo en una caja plástica. Revisé detalladamente los ascensos de 1993 y buscamos nombres de conocidos.
A las 18 hs. comenzamos a bajar llegando a las 20.30 hs. al campamento, de noche, con mucha sed y cansados. Atrás quedaron anécdotas como los resbalones de Mariano por el hielo o las piedras que tiraba Pepo desde el col buscando el destellador que señalaba el paso. La realidad era que dos bajábamos y dos se quedaban una noche mas en el segundo campamento. Bajamos con Pepo llegando a las 24.00 hs. Toni nos preparó mate, caldo y leche con miel hasta terminar de contar todas las historias vividas.
Disfrutamos todavía unos días mas en Socompa y le regalamos la bandera que flameara en la cumbre a Mario Vega.
Una tarde nos fuimos para San Antonio de los Cobres en busca de napolitanas con fritas y cerveza para recuperar fuerzas para la segunda etapa de la expedición. El rey de la Puna, el Llullaillaco, esperaba en el horizonte.



RESTOS INCAS.

Durante nuestro ascenso al Socompa tuvimos oportunidad de descubrir vestigios incas. Donde instalamos nuestro segundo campamento encontramos gran cantidad de leña. Luego, en Salta, Alejandro Giménez nos contaría que durante su primer ascenso en ese lugar había varios atados. Desde aquí se aprecia el Llullaillaco en toda su magnitud elevándose desde las entrañas de la puna.
Dentro del cañadón que conduce a la cumbre hay una pequeña construcción bien conservada apoyada en la pared que cae del contrafuerte sur. Es un excelente mirador y domina el paisaje hacia el NO.


LA PACHAMAMA.

En todo el norte se respeta a la madre tierra ofrendándole siempre el primer trago o bocado de lo que se valla a tomar. Por otro lado se erigen apachetas en lo alto de las abras o en las mismas cumbres. Cada viajero que pasa por allí debe ofrendar algo y agregar una piedra a la pirca.

CERRO VALLECITO. Los confines de la Puna

CERRO VALLECITO. Los confines de la Puna.

Ubicado en una zona prácticamente inexplorada de la Puna de Atacama, su total desconocimiento atrajo nuestra atención y encontramos el escenario adecuado para desarrollar al máximo el montañismo de exploración. Nuestra expedición realizó el primer ascenso por la ladera noreste y tercero a la cumbre, explorando el acceso desde el norte.

En los faldeos del Famatina y un viaje entretenido:
Luego de nuestro ascenso a la cumbre principal (Gral. Belgrano) del nevado de Famatina, nos despedíamos de Jaime Suárez, Mirta Sarmiento y Susana Miatello que volvían a Mendoza y de nuestros compañeros de montaña oriundos del bello pueblo de Famatina Adrián Carneiro, Raúl Salomón, Kevin Peralta y Jorge Vallejo y partíamos esa misma tarde hacia el Norte.
El grupo que continuaba viaje lo conformábamos Toni Moreno, Paulo Durso y yo. Toni, luego de su primer seis mil pero con un gran bagaje de experiencias encima le daba ese toque especial al grupo, que junto con sus amargos hacía de las conversaciones cotidianas todo un tema. Paulo, luego de su rencuentro con la montaña iba tomando un lugar trascendente dentro del grupo. Finalmente yo, manejando hacia otro objetivo iba pensando cada movimiento para hacer rentable una vez mas nuestro paso por la Puna. Exaltados, pero con la tranquilidad que nos brindaba el paisaje, avanzábamos por las rutas con destino a la provincia de Catamarca. Un paisaje reconfortante y un atardecer apaciguador eran el motivo de nuestras placenteras vidas. Por delante no teníamos un seismil quinientos donde debíamos medir nuestras fuerzas y esfuerzos, sino un camino hermoso que nos llevaría primero a varias noches cálidas y luego al desierto en busca de un seis mil quizá virgen.
Esa noche del viernes 21 de marzo luego de haber recorrido unos 200 kilómetros desde Famatina llegamos a Belén en el NO del bolsón de Papinaco, sobre la ruta 40, en la provincia de Catamarca. A 1240 metros sobre el nivel del mar, el aire nos sobraba para recorrer ésta importante población de mas de 20.000 habitantes. Fundada en 1681 por el sacerdote Bartolomé de Olmos y Aguilera, se encuentra en la boca de la quebrada de Belén, donde el río homónimo sale al llano para perderse en los arenales. Está rodeada por sierras con vegetación y sobresale el cerro Tiro con su imagen de la Virgen.
Nos alojamos en el hotel Gómez y por $ 10 dormimos y nos bañamos. Durante la calurosa noche con Paulo fuimos a caminar y aprovechamos para comer unas hamburguesas. Al volver al hotel encontramos a Toni acostado mirando televisión, luego de compartir unos momentos y seguir observando lo que transmitía la tele nos dormimos. Al rato sentimos que el viejo a los gritos increpaba a un ocasional conductor que ponía en marcha su vehículo estacionado frente a nuestra ventana. Toni siguió vociferando hasta que finalmente partió y así pudimos conciliar el sueño ya sin auto ni estridentes aullidos de viejo carcamán.
Luego de unos mates arreglamos la cubierta pinchada y acompañamos a Toni a tomar un café con leche. Cerca de las 10 de la mañana salíamos a la ruta y continuábamos viaje.
Los primeros 52 kilómetros hasta Hualfin los hicimos por un ancho camino en medianas condiciones a la vera del río Belén. Continuamos por la 40 hasta Punta de Balasto y almorzamos en Santa María. Toni contó nuevamente su viaje en bicicleta por estos lares y monotemático las anécdotas ya vivenciadas incluso por nosotros mismos años atrás. No en vano hasta los mendocinos encarnados en los ácidos comentarios de Jaime lo han hecho centro de cargadas y comentarios graciosos al viejo y sus andanzas por aquí por allá, con su amigo el vasco, su carpa Fugate con parantes rotos y el paso de San Francisco!!!!
Cruzamos a Tucumán y nos regocijamos con las sombras de los árboles del centro de Amaicha del Valle, y a que si saben, Toni contó otro bagaje de anécdotas y en algunas hasta nosotros aparecíamos, en la ocasión que acarreamos la camioneta de Fabián González sin motor, luego de haber escupido una biela en el Ojos del Salado.
Cruzamos las cumbres Calchaquíes y continuamos hasta Cafayate. Ya en el extremo sur del valle Calchaquí y a 1660 metros nos sorprendió una vez mas con toda su actividad viñatera. Siete bodegas se asientan cerca del casco urbano y llama la atención su plaza llena de artesanos y hippies rescatados de la década de los setenta. Compramos tortillas y fuimos a tomar mate a la plaza. Conversábamos tranquilamente hasta que Toni comenzó con mas anécdotas y para mejor se acercó uno de los personajes sobreviviente de la década de la paz y el amor libre para conversar con....Toni, otro ser vivo de esa especie. Varios temas se tocaron, pasamos de música a drogas lícitas e ilìcitas, de viajes por toda América a amores de juventud, de jovencitas (de actuales 50 a 60 años) que conocieron hace algún tiempo, en fin de aventuras que con Paulo escuchamos expectantes. Finalmente subimos a la camioneta y continuamos insertos en el bello paisaje recorriendo los 190 kilómetro finales de viaje hasta Salta. Pasamos por la Garganta del Diablo, el obelisco y magníficas esculturas de impactantes colores.
Embriagados por el color y la belleza continuamos ya casi al anochecer hasta Alemania. El pequeño poblado, de otra época y de otro clima, mas húmedo, nos impactó. Llegó la noche y recién salimos de nuestra embriaguez y continuamos viaje casi en silencio.
Llegamos a Salta a las 21 horas y llamamos por teléfono a Alejandro Giménez, nuestro amigo salteño que se uniría al grupo junto a Nicolás Pantaleón.

De Salta a San Antonio de los Cobres.
Alejandro es uno de los andinistas de altura mas activos de Argentina, con seis ascensos a montañas mayores a seis mil quinientos y con un total de 13 seis miles y un sin número de cinco miles, a marzo de 2002. Participó de la 8va. Expedición Argentina al Himalaya y en su carrera se destacan el primer ascenso de la ruta Arianos al pico ATA (Sistema Walter Penck), de la GPS en el Bonete (actual normal) y SE del Tres Cruces Sur. Habiendo recorrido la cordillera central, los Andes del Sur, la cordillera Blanca peruana y la real boliviana, es un enamorado de la Puna, sus desiertos y altos nevados.
Nos alojamos en su casa y compartimos la cena con Miriam y Gisell su esposa e hija.
Describir Salta es imposible, basta decir que conjuga el esplendor de la arquitectura colonial y la belleza del valle de Lerma.
Paseamos y degustamos las delicias salteñas: empanadas, humitas, tamales y locro. Visitamos la feria artesanal y nos asustamos de los precios y el sábado 23 de marzo festejamos el cumpleaños de Ale. Una animada reunión llena de andinistas fue el marco para el festejo. Ale aprovechó la ocasión para mostrar unas diapositivas que disfrutamos atentamente.
Uno de los mas activos del grupo era nuestro compañero de viaje Nicolás Pantaleón, salteño de 21 años, hijo de uno de los precursores del montañismo en Salta. Con su corta edad ya cuenta con un par de ascensos a seis miles y varias expediciones de alta montaña.
El domingo 24 luego de cargar todo y reacomodarnos los cinco, partimos hacia San Antonio de los Cobres. La quebrada del Río del Toro nos albergó plácida, pero la primer pinchadura de la segunda parte del viaje se hacía presente. Aunque parece que la quebrada fue nombrada por el macho vacuno en realidad la denominación proviene del quechua tturu que significa barro, en alusión a las grandes masas de limo, lodo y pedregullo que bajan por el caudal del río. Al llegar a Puerta de Tastil, la quebrada tuerce su rumbo y la pendiente cede. Allí, en Santa Rosa de Tastil aprovechamos a preguntar por Santillán, arqueólogo a cargo del museo y por nuestro conocido chamán. Al anochecer llegamos a la ex capital del territorio nacional de los Andes, a 3775 metros, octava localidad argentina en altura, aunque la mas poblada de las elevadas del país.
Al llegar nos alojamos en el hospedaje Belgrano, abonando por el pernocte y el desayuno $ 7 cada uno. Uno duerme en el piso y no hay agua caliente. Envueltos en el frío de la Puna vamos caminando hasta el restaurant “El Aguila”. Propiedad de Julio y Benito, sirven las mejores milanesas napolitanas con fritas de todo el norte argentino. En las paredes del establecimiento están colgadas las fotos de nuestro ascenso al Llullaillaco y una luego de aquella expedición en el viejo local de El Aguila a unas cuadras de su actual ubicación. Cenamos y miramos la entrega de los oscar para ver si podía ganar como mejor película extrajera “El hijo de la novia”, pero no pudo ser.
Al despertarnos el 25 nos reunimos en el comedor del albergue para desayunar y saludar a Paulo que cumplía 32 años. Compramos unos chorizos, para asarlos por la noche en Antofalla o donde nos encuentre el ocaso, para seguir con los festejos.
A las 10.45 hs. Salimos de San Antonio de los Cobres por la ruta 51 hacia el oeste. Despedirnos del pueblo nos costó como siempre, se siente que va a pasar mucho tiempo hasta volver a sentir la sequedad del aire, el frío de la noche y el calor del día. Durante la noche habíamos emparchado los dos auxilios y ya desconfiábamos de cada piedra que pisábamos. Las cubiertas tenían mas de 75.000 kilómetros...y ya se intuía el final.

Paisaje impactante, viejos conocidos y llegada a Antofalla
Subimos en zigzag hasta el alto Chorrillos a 4592 metros, donde nos detuvimos a realizar una respetuosa ofrenda en la apacheta y a observar el cerro San Jerónimo que subiera con Laura en abril del año anterior. Obvio comentario de Toni: que bien Laura como te siguió hasta la cumbre, y otros comentarios beneficiosos hacia ella, obvio el viejo siempre defiende a las mujeres.
Continuamos y vimos Olacapato, el pueblo mas alto de la Argentina a 4005 mts. Bajo la influencia de el Quewar avanzamos hasta Salar de Pocitos a 3713 metros y nos internamos en el salar. Cruzamos atentos y luego de recorrer 186 km. Desde San Antonio de los Cobres entramos a Tolar Grande. El pueblo nos recibió casi sin darse cuenta de nuestra presencia. Cargamos algo de gas oil y caminamos unas cuadras recordando otros viajes. Entramos al salar de Arizaro y la magnificencia del paisaje nos cautivó una vez mas. La visión del enorme territorio salado sobrecoge al viajero y el viento fuerte pero cálido lo acaricia. La visión del Antofalla en el horizonte nos marcaba la dirección y el reventón de la primera de las seis cubiertas marcaba la suerte del viaje. A 202 kilómetros del punto de partida pusimos rumbo sur hacia Mina Arita rodeados por el salar. El camino recorría recto el desierto y luego de algunas fotos y la visión del cono de Arita, llegamos a la mina. Saludamos a Carlos Rodríguez, que vive en la mina desde 1970, primero como operario, luego como cuidador, luego como único habitante y ahora como vecino de los geólogos que envió una minera desde el año 2001. Recordamos algunas anécdotas de anteriores pasos por Arita y continuamos por el camino que bordea a partir de éste punto el salar.
El recorrido continúa en franco sentido sur y a nuestro paso manadas de vicuñas y suris ganaban protagonismo a medida que avanzamos. El paisaje es señoreado por el Antafalla que con sus cuatro cumbres cubre el cuadrante sur oeste.
A 299 kilómetros de San Antonio de los Cobres dejamos de lado el desvío a Caballo Muerto, puesto desde el cual se aproxima al antes mencionado volcán Antofalla. El Tebequincho comienza a ganar escenario y por su ladera oeste el camino asciende hasta llegar al alto donde ya se visualiza el salar de Antofalla.
En zigzag suave comenzamos a descender al poblado por un trazado devenido en pedregal. Nuestro vehículo siente los golpes y la segunda cubierta del día perece ante la agresión del suelo. El paisaje del oasis dentro del entorno salado llama la atención y pronto estacionamos en el ingreso al poblado.
Antofalla es un caserío con escasa población, una capilla, un policía y algunas familias que cuidan de sus animales. Ningún vehículo transita sus callejuelas y llama la atención la vegetación que crece gracias a las acequias.
Todos los chicos del lugar rodearon rapidamente la camioneta y pronto se acercó Julia Reales que nos ofreció un lugar para pasar la noche.
Cambiamos la rueda, llevamos las mochilas, conseguimos un horno para cocinar los chorizos, prendimos el farol, destapamos el primer tinto y nos metimos en medio del vendaval al cuarto que oficiaba de cocina.
Cenamos los programados choripan, festejamos nuevamente el cumpleaños de Paulo y terminamos de tomar algunos vinos mas de los programados dejando algo pobres las reservas para los próximos días.

Exploración, búsqueda de información y partida incierta.
Al otro día nos levantamos tomamos unos mates y nos ayudaron a reparar una de las ruedas pinchadas así podíamos continuar. El arreglo fue “artesanal” con poxirán incluido. Por la tarde fuimos con Alejandro y un poblador de Antofalla hasta un alto desde donde vimos el Vallecito. El salar a nuestros pies mostraba sus 150 kilómetros de extención y llamaba la atención que en ningún punto sobrepase los 12 kilómetros. No veíamos la forma de aproximarnos y decidimos ir hasta Las Quinuas (o Las Quinas o Queñoas, vegetal de la puna) para hablar con algún baquiano. Cruzamos nuevamente el salar y recorrimos 56 kilómetros hasta el caserío. Allí conversamos con don Antonio Alancay y luego de presentarnos a su familia compuesta por su segunda esposa, su hermana y una sobrina nos relató que había estado con una minera en las laderas del volcán. No había agua y se podía llegar a casi 5000 metros. El acceso era complicado y largo, así que arreglamos para que nos acompañe en nuestra travesía.
Volvimos a Antofalla, cenamos mientras comentamos los nuevos planes y nos acostamos.
Salimos temprano hacia Las Quinuas y pasamos por Puesto Onas y Vega de Botijuela. Al llegar sobre las 9 a Las Quinuas don Antonio nos esperaba con su frazada y un bolsito. Pullover y gorro rojo, anteojos negros y 74 años en la Puna. De espíritu tranquilo y personalidad fuerte nuestro baquiano iría marcando el rumbo, aunque mucho no le entendiéramos debido a lo cerrado de su vocabulario.
Al salir del caserío las manos en alto de los familiares de don Antonio y el ladrido de los perros nos indicaron que ya estábamos en marcha. Bordeamos el salar y en Orohuasi tratamos de intuir por donde cruzar el salar. Aquí tiene 4,200 kilómetros de ancho y el cruce duró mas de 45 minutos. El tener solo un auxilio y las restantes cubiertas en malas condiciones reguló la marcha. Paulo, Toni y Nicolás cruzaron caminando mientras nosotros lo hicimos en el vehículo. El magnífico espectáculo de la naturaleza era invadido por los colores de la ropa de nuestros compañeros que se recortaban en el horizonte difusos por los efectos del calor en la sal. Ya del lado oriental del salar continuamos 9 km. Al sur y cruzamos nuevamente, en éste caso en un tramo de menos de un kilómetro de ancho. Continuamos sin encontrar rastro de ningún otro vehículo pese a que don Antonio creía descubrir lugares por donde había pasado antes con las exploraciones mineras. Avanzamos por un arenal y luego descendimos desde los 3770 metros hasta los 3509 de la vega previa a la Brea. En éste paraje se quedaría don Antonio en casa de Jesús Vazquez.
A 96,400 kilómetros de Antofalla llegamos a la Brea. (brea es un vegetal característico de la puna). Solo un rancho y algunos corrales. Salió a recibirnos Inés Vazquez y sus hijas María de 15 años y Cándida del Valle de 10. Saludaron a don Antonio e indagaron sobre nuestros proyectos. Nos contaron que Jesús estaba en Antofagasta de la Sierra y que otros dos hijos estaban en la otra casa que tienen en Las Chacras.
Comimos fiambre y pan y continuamos solos con las indicaciones de Don Antonio. Avanzamos 13 kilómetros y llegamos al “codito”. Costó mucho subir hasta sus 3823 metros y a partir de allí nuestro avance fue incierto. No encontramos huellas, tampoco el rumbo y menos vimos el Vallecito. Pese a que sacábamos rumbos y rugían los GPS, la intuición de otros y la activa presencia de los desalentadores comentarios del viejo Toni, jamás supimos donde ir, o mejor dicho solo supimos donde ir cuando retornamos a la Brea.
Allí descansaríamos y le pediríamos a don Antonio que nos acompañe el día de mañana. Volvimos tranquilos y al llegar realizamos una caminata. La Brea se encuentra en una hondonada donde se encuentra una salina. Hay agua que desciende de las alturas y la vegetación engalana el lugar. Mientras nosotros caminábamos Toni y Paulo armaron campamento en el mejor lugar que encontraron. Volvimos ya de nochecita luego de encontrarnos y saludar a Ricardo (11) y Edelmiro (17) que regresaban de Las Chacras. Cenamos y decidimos vivaquear bajo el estrellado cielo. Chistes, anécdotas, comentarios, planes, otros temas y el convencimiento que estábamos pasando una noche espectcular. Colchón, bolsas de pluma, buen clima y buenos amigos.....¿qué es eso? ¿agua? ¡Estamos inundados! ¿quién abrió la compuerta??? ¿qué pasó? ¡ mirá como me han dejado!....EL arroyo había cambiado el rumbo y pasaba sobre y bajo nosotros. Estábamos empapados y toda nuestra ropa también. Se complicaba la partida de mañana. Rumbeamos todos a la carpa y Toni ofuscado partió solo hacia otro lado. Chistes, anécdotas, comentarios, planes, otros temas y el convencimiento que Toni es poco sociable y no sabe elegir lugares para que vivaquiemos.(¿o si?)

Se resuelve la aproximación. El ascenso
Amaneció el 28 de marzo, mates, fotos y salimos. Alcanzamos el alto del camino (codito) y don Antonio encontró la huella minera. Superamos los 4000 metros y nos aproximamos al Vallecito desde el norte. El cerro se aprecia magnífico y junto con los cerros Colorados hacen del paisaje algo majestuoso. La Puna en su máxima rigurosidad muestra salares, conos volcánicos, nubes de polvo y muy poca nieve. La quebrada que seguímos nos llevó a 16 kilómetros de la base pero por un terreno con varios cortes. Decidimos intentar por el nor oeste y así rubeamos hacia el norte para corregir el rumbo. Pasamos por las Peñas Rojas y a partir de allí nos aproximamos directamente al cerro por el nor oeste.
Entrada la tarde la camioneta ya no pudo subir e instalamos el campo de altura a 5150 metros. Tres carpas y la camioneta protegida del viento. Cenamos atún, bondiola y ensalda rusa. Un café y sopas por la noche.
Dormimos Toni y Paulo, Ale y don Antonio y Nico y yo.
A las 6,15 hs salimos en medio de la noche y con mucho frío. Avanzamos rápidamente con las frontales. A medida que aclara el paso es mas firme y ganamos altura por el flanco nor este.
Ale va adelante y lo sigo intentando el mismo ritmo. Atrás viene Paulo, Nico y Toni. En un alto nos reunimos los cuatro mientras Alejandro avanza. Son varias las horas que ascendemos y a media mañana superamos el contrafuerte del este.
No hay vestigios de otros ascensos y continuamos con el sueño de ser los primeros en hollar la cumbre. Sospechamos que el cerro debe haber sido subido por los incas u otras culturas pero tampoco somos capaces de encontrar rastros.
Ascendemos por un sector de grandes rocas y luego por lajas planas. Ale se comunica conmigo por el handy y decidimos que va a buscar una posible ruta por el filo este de la pirámide cumbrera. Nosotros retomamos fuerzas justo debajo de la vertical de la cumbre. Nico avanza hacia el col que une la cumbre principal y la secudaria par ver si es posible ascender por allí. Aparentemente el camino elegido por Nicolás sería el mas lógico aunque un poco mas largo. Al rato se comunica Ale afirmando que el ascenso por el filo este es posible. Buscamos paso entre los grandes bloques ensayando algunos pasos utilizando las manos. Nicolás tuerce su rumbo y alcanza el filo mas arriba que nosotros.
En la base ya del filo cumbrero a 6000 metros comienza un sector de grandes bloques inestables que requieren de la utilización de las manos para avanzar en lo que sería una escalada de II grado. Dejo los bastones y continúo. Veo a Alejandro en lo que parece la cumbre y llego agitado hasta él.
Guille, no fuimos los primeros, me dice entregándome un tubito de rollo fotográfico. El no lo ha abierto esperando que yo lo hiciera. Saco la tapa y leo el testimonio del primer ascenso de Henri Barret el 14 de abril de 1999 a las 13, 35 hs. También está el del segundo ascenso del mismo Barret junto con Ricardo Magnien, el 8 de noviembre de 2001. Alejandro, afectado por el frio me dice que empieza a descender.

Cumplimos el sueño de la cumbre:
Algo confundido pensando quienes son los que nos precedieron avanzo hacia la cumbre. Diez minutos mas adelante encuentro a Nicolás que me grita que es la cumbre. Nos abrazamos y beso la piedra que está parada en el punto mas alto. Escribimos nuestro testimonio y lo dejamos en la pirca. El paisaje es magnífico y le nombro a Nico todos los cerros que nos rodean. El Condor reina en el sur y mas atrás toda la línea de 6500: Incahuasi, Ojos, Tres Cruces. Al norte El Antofalla y todos sus satélites. Al este toda una línea nevada y el salar de Antofalla y en linea recta el Peinado. Nos llama poderosamente la atención el sector de los bayos al sur este de nuestra atalaya. El oeste está ocupado por los cerros Colorados algo mas bajo que nosotros. También vemos la cumbre secundaria del Vallecito a nuestro noroeste. Son las 13, 15 horas.
Preparo la máquina de fotos y empiezo a gatillar una panorámica de 360º. Disparo la primera y el mecanismo se traba por el frio. Había traído la máquina sin la funda dentro de la mochila desde la última foto una hora atrás.
Nicolás que tenía la otra máquina había disparado todas, así que me quedo sin la foto de cumbre.
Llegan Paulo y Toni y nos abrazamos. Hay bastante viento y el frío habitual de estas alturas.
Me quedo con Nico mientras bajan Paulo y Toni. Juntos dedicamos la cumbre y lo anotamos en el testimonio.
El descenso es rápido y Ale recupera mi bastón. Nos reunimos en la base de la pirámide y desde allí vemos como bajan Toni y Paulo. En el acarreo que desciende hacia el campamento bajamos rápido entre nubes de polvo.
Llego a las 15 horas al campamento y me recibe don Antonio y me comenta que nos vio en la cumbre. Llega Nico y vemos como Ale pelea contra el viento que le arrebata la gorra. Una hora después llegan Toni y Paulo y luego de un descanso algo prolongado y de tomar agua comenzamos a desarmar campamento.
La camioneta arranca relativamente facil y a las 17,30 horas partimos hacia las Quinuas.
Estamos agotados y algunos dormitan. Anocheciendo pasamos por el desvío a la Brea y esta vez tomamos el camino alto (oeste).
Ya de noche avanzamos con las indicaciones de don Antonio que también cansado erra el rumbo un par de oportunidades y le cuesta encontrar el descenso a Orohuasi. En medio de la noche cerrada aún sin luna vislumbra el descenso y nos largamos al salar.
A las 21, 15 llegamos a la casa de don Antonio y prende el grupo electrógeno que la Municipalidad les provee. Nos preparan la cena: humitas, milanesa de llama, arroz y huevo frito. Nos tiramos en unos colchones que nos prestan y nos tapamos con colchas de llama.
Dormimos con el sueño cumplido de haber ascendido el cerro que en algún momento pareció que nos cerraba sus laderas.

Despedida de don Antonio y viaje a Antofagasta:
Amanecimos con calor tomamos mate cebado por Toni y nos convidan asado de llama. Arreglamos cuentas con don Antonio (guiada: $30 y cena $10). Nos despedimos deseando volver a vernos pronto y llevamos una carta de la señora de don Antonio para su hijo que vive en Tinogasta.
A las 8,30 salimos hacia Antofalla. Al llegar tomamos tres cervezas con Nico mientras los demás acomodan la carga. Comparto un buen momento con Nico charlando de montaña y riéndonos de anécdotas. Creo que con sus 21 años y sus enormes ganas puede llegar lejos, va a tener que saber enfocar el esfuerzo. Partimos hacia Antofagasta por el camino que cruza el salar frente a Vega de la Botijuela.
A 10 kilómetro del pueblo reventamos dos cubiertas y deben ir a buscar ayuda Nico y Ale. Justo pasa una camioneta y me voy a Antofagasta con las dos ruedas, donde las arreglamos y la policía nos alcanza luego de arreglarlas. Es semana santa y los precios están mas altos que el Vallecito. Se creen que porque andamos en 4 x 4 somos turistas y nos quieren cobrar todo lo que hacemos, decimos o insinuamos. En un arranque de autoridad salteña o del club Janajman Alejandro envía a Nicolás a conseguir albergue baratísimo o gratis, y teniendo en cuenta lo descrito anteriormente en un brete lo han metido al joven. Pero con astucia (y quizá por temor a la reprimenda de tan agria autoridad) consigue que nos alojen (gratis) en Gendarmería. Luego y en misión de cuidar nuestra economía, cenamos en un almacén que cocina por pedido.
La hostería está llena de turistas deseosos de gastar su dinero y nosotros estamos con ese característico olor a montaña que no coincide con éste lugar.
Charlamos un rato con unos artesanos y vamos de visita a la casa del montañista local donde nos muestra fotos de sus ascenso al Aconcagua, Illimani, Huayna Potosí y otros.
Nos acostamos tarde.
Domingo de Pascuas: almuerzo en el mismo lugar. Cordero y papas fritas.
Hablamos por teléfono y otra vez siento la lejanía de mis hijos. A la tarde hacemos un infructuoso intento de pesca con los gendarmes. Cena y a dormir.

Contratiempos y estadía en Tincalayo:
El lunes ya decididos a no continuar viaje rumbo al Pissis por el peligro que representan las cubiertas rumbeamos para San Antonio de los Cobres. Nos despedimos de Rolando y Ernesto (Popurri) y comenzamos a recorrer kilómetro por kilómetro esperando no escuchar el primer pinchazo, pero por fin llega el primero...luego el segundo y bueno también el tercero. Nos quedamos a 132 kilómetros de Antofagasta. El momento es tenso, no tenemos forma de arreglar las cubiertas. No hay nada cerca y debemos esperar a que pase alguien y quizá pasen algunos días para que ocurra.
Alejandro cree que podemos estar cerca de la mina Tincalayo por lo que en llanta avanzamos unos kilómetro por un camino que sale del principal. Nos detenemos y nos preparamos con Alejandro para salir caminando. Llevaremos bolsa de dormir agua y comida. Ale sube a una lomada para ver si hay algo y camina unos kilómetros con la esperanza de hallar algo y siguiendo su intuición. Mientras estoy terminando de preparar mi mochila suena el handy y Ale me dice que mire el camino que ya lo voy a ver.
Polvo y ¡un camión que viene!. Cada dos días bajan dos camiones a buscar agua por éste camino y nosotros tuvimos la suerte de encontrarlo media hora después que nos quedamos. Nos lleva a la mina y allí hablamos con Julio Betancur de Borax Argentina SA, que es el jefe a cargo.
Nos regala dos cubiertas usadas que las tienen para descarte pero no las podemos armar.
Decidimos llamar a Salta para que nos manden dos ruedas nuevas. A la noche llega Nicolás que decidió no pasar la noche en la camioneta y se vino para acá. Cenamos en el comedor de la mina y nos prestan una pieza para dormir.
Es 2 de abril y hace 20 años de la recuperación de las Malvinas. Desayunamos y el tiempo se hace largo. Charlamos en el comedor y pasamos el tiempo en la sala de juegos. Charlando con Nicolás durante la tarde, le dejo uno de los testimonios de cumbre que bajamos. Finalmente a la noche llegan las ruedas en una camioneta de Seis Eme SAIC.
El mismo Ing. Esquiú que las trajo nos alcanza hasta la camioneta (18,5 km.). Colocamos las ruedas y esa noche cenamos los cinco en el comedor de Tincalayo.
Por la mañana agradecemos a todos los que nos dieron una mano y partimos a San Antonio de los Cobres. Pasamos por el Abra del Gallo al mediodía y almorzamos en lo de Julio (restaurant El Aguila) las tradicionales napolitanas con fritas y huevo.

Despedida:
A la tarde estamos en Salta. Unos llamados a Mar del Plata indican que tenemos que salir de inmediato por graves inconvenientes laborales. Esa misma noche luego de unos lomitos con Alejandro salimos hacia Mar del Plata.
Dejamos en Salta a nuestro gran amigo Alejandro, uno de los andinistas que mas ascensos tiene en esta parte de la cordillera, que una vez mas nos enriqueció con su presencia. Su segundo 6000 del 2002 lo compartió con nosotros pero otros 3 ascendería para ser reconocido nuevamente como el montañista del año en Salta. También dejamos a Nicolás un nuevo amigo con quien confío en compartir muchas expediciones mas.
Sin saberlo en mi caso, era el último cerro que subiría en el año, mas problemas laborales lo impedirían. Pero el que si podría viajar sería Toni que en noviembre subiría junto con Nicolás la cumbre Hoygard del Nevado de Cachi.
Otro capítulo se cerró, otro sueño se cumplió. Ascendimos uno de los cerros mas ignotos de la cordillera, con poca información y haciendo gala de nuestro estilo de montañismo de exploración.



ASPECTO TÉCNICO:

Cerro: Vallecitos.
El cerro Vallecitos tiene una cumbre principal con forma piramidal y una secundaria al NO. El aspecto es cónico y se laza cerca de la frontera chileno argentina al este del Co. Colorados.
Altura: 6167 metros (IGM Argentina)
Primer ascenso:
Cumbre Alcanzada: Principal
Fecha de cumbre: 29 de marzo de 2001.
Ruta: Nueva Ruta en la faz Noreste
Se abrió una ruta nueva en la cara Noreste. Se accedió a la base del volcán donde se instaló el campamento de altura (5150 mts.). Desde allí se alcanzó la cumbre principal.
Integrantes: Alejandro Giménez (Salta), Nicolás Pantaleón (Salta), Paulo Durso (CAMP), Antonio Moreno (Miramar) y Guillermo Almaraz (CAMP).

FAMATINA: El tesoro riojano

FAMATINA: El tesoro riojano.

El cordón de Famatina, si bien no es el mas elevado de La Rioja, es sin dudas el mas emblemático. Se eleva con un sentido norte sur, paralelo a la cordillera frontal y su cumbre máxima, según el IGM, llega a 6097 metros. Dentro del cordón se recortan los picos General Belgrano (principal), Gran Riojano, La Mejicana, El Overo (5930 metros) y Overo Negro (5701 metros) considerado antiguamente como el principal.


El nevado:
Los nevados de Famatina se recortan en suelo riojano y sus cumbres sobrepasan los 6000 metros. La cadena está separa de la cordillera frontal por el valle de Vinchina o del río Bermejo. El primer ascenso a la cumbre máxima se realizó aparentemente en enero de 1947, existiendo datos de un ascenso a una cumbre menor denominada Nevado de La Mejicana en enero de 1892, lo cual representaría el primer ascenso a una cumbre del cordón. (Neat, Mountaineering in The Andes). El segundo ascenso se realizó el 13 de enero de 1952 por Normando Baca Cau y Miguel Colombo, mientras que el tercero fue del Club Andino Cordoba, el 24 de noviembre de 1958 (Pietro Meciani, Le Ande). La cumbre Overo Negro o Negro Overo (cumbre Norte del cordón, 5701 metros), como se la denomina en la mayor parte de la bibliografía fue ascendida por primera vez el 27 de noviembre de 1941 a las 12 horas por Horacio Harrington y Eusebio Gaitán, encontrando en su cumbre astas de venado y fragmentos de leña. (Beorchia Nigris, El Enigma de los Santuarios...).
La cumbre principal, ubicada al sur del cordón es denominada General Belgrano (6097 mts.) y durante mucho tiempo estuvo acotada con 6250 metros. En inmediaciones de ella existen otros dos picos de mas de 6000 metros: el Gran Riojano (cumbre oeste) y otro denominado La Mejicana o Famatina, algo mas al sur.
El nombre Famatina, según Juan Schobinger, significa “lugar de muchos metales”, en clara alusión a las antiguas minas de oro, plata y cobre que posee la serranía.

Viejos objetivos, nueva expedición.
En el marco del 2º Encuentro Nacional de Montaña realizado en Famatina en octubre de 2001, habíamos participado de la expedición para ascender el pico Gral. Belgrano, punto culminante de los nevados de Famatina.
En esa oportunidad habíamos compartido el ascenso con un grupo rosarino y otro mendocino compuesto por Jaime Suarez, Mirta Sarmiento y Susana Miatello.
Nuestro objetivo era aclimatar para el ascenso del Bonete (6759 mts.) y pese a la tormenta que truncó el ascenso a la cumbre, nuestro objetivo en esa oportunidad fue logrado al alcanzar el campo 2, a 5.500 metros, pudiendo dormir una noche allí.
También tuvimos el gusto de conocer a Eduardo Namur, que pese a ser también de Mar del Plata, no conocíamos. Rápidamente ganó un lugar en nuestro equipo con su gran fuerza de espíritu, su muy buen humor y sus habilidades para arreglar todo lo que se rompiera. El grupo lo completábamos Toni Moreno, Fabián Gonzáles y yo, demasiado conocidos para darnos cuenta de algún rasgo distintivo.
Aquel viaje estuvo condimentado con muchos ingredientes, diversos criterios, algunas renzillas, gustos diferentes y sobre todo gran cantidad de gente abarrotando cada uno de los campamentos.
Finalmente luego del intento, cada grupo continuó con sus objetivos pero quedó en el ambiente la busca de una nueva oportunidad en el tesoro riojano.
Jaime y Toni eran los mas ansiosos por volver, con Fabián considerábamos que el otro intento podía esperar.
Durante el verano del 2002 Jaime envió varios mails con mensajes sobre la vuelta al Famatina y finalmente formuló la invitación para marzo. Personalmente estaba preparando el ascenso al cerro Vallecito (6168 metros, Catamarca) para la misma epoca, así que era compatible con el proyecto de volver a Famatina. Además la oportunidad de volver a ver a Jaime y las “chicas” era tentadora y pronto el grupo lo formamos junto a Eduardo, Toni y Paulo que volvería a la Puna luego de 10 años.
Toni que luego de varias expediciones a la alta montaña buscaba una vez mas alcanzar por primera vez la cumbre de un seis mil, nos relata:

“Un 14 de marzo de 2002 partimos al medio día, de la cuidad de Mar del Plata, rumbo a nueatro querido Norte, Guillermo (el cabezón), Paulo (el inmombrable) y yo (Antonio, el viejo), junto con Eduardo (Total Service), nuestro destino era el pueblo riojano de Famatina, en el cual nos reuniríamos con el grupo de andinistas mendocinos integrado por Jaime Suarez, Mirta Sarmiento y Susana Miatello, a los que habíamos conocido en el Encuentro Nacional de Montaña el año anterior. Con ellos intentaríamos la cumbre del pico Gral. Belgrano de 6097 metros. Este cerro es el de mayor altura del extenso cordón de Famatina, el año anterior después de ascender hasta los 5500 metros debimos descender azotados por un temporal de fuerte viento granizo y nieve....Volvíamos por la revancha....”

Toni volvía por la revancha pero en su mochila gurdaba el respeto hacia el nevado que tan mal lo había tratado el año anterior. En esa oportunidad había bajado bastante cabizbajo haciendo responsable a un dolor de muelas su malestar....Cuidado Toni el Famatina es alto y duro....no sea cosa que tengas que bajar sin cumbre una vez mas....
“Arribamos al pueblo de Famatina a las 13 hs. del día siguiente teniendo que soportar 30 grados de calor. Mientras intentábamos una “siesta” en la plaza nos avisaron los muchachos de la Secretaría de Turismo que habían llegado los mendocinos, a los cuales nos unimos de inmediato y en medio de abrazos, mates y alegrías mutuas empezamos a entretejer las actividades a seguir en lo restante del día. Se decidió de comun acuerdo partir esa misma tarde rumbo al paraje “Cueva de Perez”, al cual después de unas 6 horas de duro trajinar por caminos inexistentes, exigiendo al máximo la 4x4 Land Rover Discovery de Jaime y la Ford Ranger de Guillermo por el lecho pedregoso de un río de montaña y trepando hasta los 3600 metros de altura, por fin divisamos la antigua construcción minera semi abandonada conocida como Cueva de Perez, en la cual daríamos comienzo el período de aclimatación a la altura, necesario para intentar un seis mil en esta zona de los Andes.”

Los abrazos, mates y alegrías mutuas rememorados por Toni eran mas efusivas entre Jaime y él. Nosotros estamos convencidos que tanta alegría era debida a que se volvía a reunir la cordada de mas de 100 años.
El largo trajinar de las 4x4 que también enuncia hubiera sido menos tedioso si hubiera cebado unos mates, pero bueno el viejo optó por llevarnos con el pico seco. En cuanto al vehículo de Jaime no es el momento de contar lo meticuloso que es con el orden y el riesgo cosntante que corren Susana y Mirta cada vez que intentar cambiar el casette del stereo o ensucian el asiento o dejan la puerta abierta.

La Mejicana.
“Se habían unido a nosotros un grupo de riojanos, algunos para prestarnos apoyo logístico y otros con intensión de ascender a la cumbre. Después de dos días en cueva de Perez, unos en camioneta y otros a pie salvamos los 700 metros de desnivel que nos separaban de La Mejicana, situada a 4300 metros, lugar donde seguiría el proceso de adaptación a la altura. En este punto funcionó una de las cabeceras del cablecarril de la mina y todavía a pesar de los muchos años transcurridos persisten en pie las enormes instalaciones, testigos silenciosos metálicos, otrora centro de actividad de cientos de mineros. Cuentan las leyendas de la región que en La Mejicana durante la noche se pueden percibir manifestaciones de diversa índole de los espíritos de los mineros fallecidos, durante la construcción y explotación de la mina”

Las manifestaciones de diversa índole mas que de los espíritus era de los vivos. Había manifestaciones sonoras producto de guisos y cereales. Había manifestaciones verbales producto de cambios de opinión entre los integrantes de la expedición, además de las manifestaciones de risa ante las constantes bromas que tenían como centro a Toni y sus repetitivas historias sobre sus viajes al Paso de San Francisco y alrededores. En esta oportunidad junto con nosotros Jaime también hizo frente común para volver loco a Toni, que como ya nos conoce se nos hace cada vez mas difícil hacerlo enojar.

“Después de transcurridas 24 horas en La Mejicana el grupo mendocino, junto a dos andinistas riojanos, decide partir hasta la lagunita situada a 5000 metros de altura, donde instalarían su campamento.El resto (los marplatenses) decidimos quedarnos un día mas para lograr una mejor aclimatación. Ese día nos sirvió para explorar nuestro entorno con la Ranger y también para pasar un adrenalítico momento ya que una parte del camino (lease huella), se derrumbó al paso de la 4x4, dejando al descubierto un tremendo socavón, llamado chimenea, excavación construida para ventilar las galerías de la mina, hecha varios años atrás y cubierta precariamente, cediendo la misma al paso de la camioneta y poniéndonos a todos a centímetros del desastre, que felizmente se pudo evitar gracias a los rápidos reflejos de Guillermo que iba al volante.
A esta altura de la expedición las cosas marchaban bien, la convivencia del grupo era en armonía y salvo las peleas hogareñas de Jaime y “las chicas” o alguna escaramuza verbal entre Paulo y Guillermo estaba “tudo bem”. Paulo había decidido hacernos de apoyo esperándonos en la lagunita el día de cumbre, ya que no se sentía lo suficientemente aclimatado. Esta desición que tomó, demostró en mi opinión personal, ser muy correcta, poniendo en relieve su madurez como andinista. A todo esto Eduardo había dado pruebas de su habilidad innata para arreglar todo lo que no funcionaba: calentadores, linternas, bastones rebatibles, maquinas de fotos, etc., etc., lo que le valió el mote de “total service”.”

Luego del ascenso a La Mejicana e instalarnos comodamente en la nueva carpa estructural de Jaime, habíamos hecho algunas caminatas para facilitar la aclimatación. Personalmente mantenía largas charlas con Jaime sobre ascensos e historia de las altas montañas americanas. Toni participaba en algunas ocasiones de las conversaciones y en otras iniciaba largos comentarios sobre Osho, religiones orientales y otras temas interesantes. Mirta, vieja guerrera de seimiles aguardaba el momento de iniciar la marcha como si su habitat fueran las laderas del cerro y no su campamento base. Con Paulo, mi socio, nos habíamos olvidado completamente de los problemas económicos de la empresa y compartíamos largas mateadas con Eduardo hablando de cualquier tema que saliera.
La convivencia entre ambos grupos era excelente, pero a los riojanos les costaba integrarse. Mas adelante demostraríamos todos sobradas muestras de la muy buena convivencia de los grupos en la montaña iniciando una verdadera amistad con los chicos de Famatina.
Intercambiando opiniones con Jaime, me comntó que optaría por salir la mañana siguiente hacia el campo 1 en la lagunita. Por mi lado prefería esperar un día mas para facilitar la aclimatación. Igualmete lo hablé con Toni y Eduardo y me manifestaron su conformidad. Paulo, como explicaba Toni, había decidido quedarse en La Mejicana, subiendo el día de cumbre a esperarnos al campameto 1. Le había costado mucho la aclimatación, subiendo al tercer día de 0 a 4400 metros, luego de 10 años sin estar en la altura. Pese a esto nunca perdió el buen humor y compartió en todo momento las actividades del grupo.
La estrategia era la misma que utilizamos en el anterior intento: larga caminata por el empinado acarreo que lleva a la lagunita (5100 metros), instalar el campamento 1, corto y potente ascenso por acarreo a la montura (5500 metros). Desde allí intentaríamos la cumbre primero por el filo y luego por los campos nevados que llevan a la cima.
Una vez que partió el grupo de Jaime, nos quedamos conversando en la carpa sobre los pasos a seguir y la forma de hacer mas rentable el ascenso, dejando pocas cosas libradas a azar y sopesando todos los elementos para lograr nuestro objetivo de cumbre. Estábamos hablando del primer tramo largo y tedioso cuando Adrián Carneiro, el integrante famatinense que nos acompañaba comentó que conocía una huella que subía casi hasta los 5000 metros y que era transitable para la 4x4. Un poco incrédulos lo interrogamos y volvió a afirmar que cando había trabajado en la explotación minera había subido hasta allí en vehículo. Al instante tomamos las camperas, el GPS y algo para tomar y salimos hacía allí. En un principio bajamos hasta la cueva de Perez y desde allí subimos por un valle paralelo al de La Mejicana. Salvo el gran peligro que corrimos al desmoronarse el camino cediendo en un “chimenea” de ventilación sin marcar, el camino era transitable y luego de una hora diez minutos de marcha llegamos efectivamente a 4935 metros. Dejamos la camioneta y fuimos caminando hasta el campamento de la Lagunita donde Jaime no podía entender lo que veía, ellos habían tardado casi cinco horas de esfuerzo y nosotros aparecíamos de la nada. Después de unas chanzas bajamos hacia La Mejicana, donde cenamos y charlamos hasta tarde.

El ascenso a la cumbre de los Nevados de Famatina.
“ Al día siguiente de haber partido los mendocinos, emprendimos la marcha acompañados por otro montañista riojano llamado Adrián, residente en Famatina. A la tarde estábamos armando campamento en la Lagunita y comprobando que el grupo de Jaime ya había partido rumbo a la Montura, lugar del segundo campamento a 5500 metros. Desde allí solo 700 metros de desnivel separan a los andinistas de la cumbre.
A la noche los acontecimientos se precipitaron, y decidieron en gran medida la suerte de ambos grupos de montañistas. Un tremendo temporal de viento rugió en las alturas. En la Lagunita pudimos soportarlo tras reforzar los anclajes de las tiendas y levantar un pircado como reparo del viento. No sucedió lo mismo en la Montura, al ser un lugar muy expuesto, durante la noche las ráfagas huracanadas destruyeron las dos carpas, teniendo que tomar la decisión de descender al amanecer ante la perdida del vital equipo. Nosotros mientras tanto, al comprobar que el viento tendía a calmarse con el transcurrir de las horas, decidimos subir a la Montura, asumiendo el riesgo de tener que sufrir otra noche como la anterior. Nos cruzamos con Jaime que muy abatido nos dijo que opinaba que deberíamos bajar todos ya que en su criterio el temporal volvería a soplar después de las 16 horas, pero continuamos el ascenso. Después de un duro ascenso con las mochilas cargadas llegamos a la Montura con la firme desición de aguantar lo que viniera, para a la mañana siguiente tener nuestra oportunidad de cumbre.
Por fortuna paso la noche sin mayores sobresaltos y al amanecer el sol radiante calentó nuestros cuerpos y nuestros ánimos, el destino o el espíritu de la montaña lo quiso así.
Empujados por la ansiedad de Guillermo partimos lentamente al principio, hasta que con el paso del tiempo fuimos ganando ritmo.”

El ascenso hasta la Montura (5520 mt.) es por un acarreo fino bastante firme. Hacia el final gana algo de inclinación y se hace bastante pesado. En esta oportunidad la Montura estaba desprovista de nieve y tuvimos que caminar para encontrar un planchón de hielo para derretir. Desde la Lagunita tardamos 4 horas a un ritmo parejo. En nuestro intento del año anterior habíamos encontrado bastante nieve allí y luego de la tormenta de la noche que pasamos en el lugar el paisaje era totalmente blanco. Desde éste campo 2 se ve toda la vertiente de La Mejicana y se observa todo el cordón de los Nevados de Famatina hasta el Negro Overo. La cumbre no se visualiza debido a que la parte alta del filo SE la oculta.

La escalada final.
“ Avanzamos hasta el comienzo del filo y comenzamos el ascenso por él. Cerca del mediodía empezamos a ver cerca el filo cumbrero y luego de un corto pero pesado pedrero vimos una suave lomada llena de planchones de hielo de unos 600 metros de extención y al terminar ésta un abrupto e inmenso nevé y en su extremo norte ¡al fin! se presentía la cumbre, meta ansiada y obtetivo final del grupo. A pesar que faltaban horas de duro y extenuante esfuerzo, percibí que todos en ese momento tuvimos la certeza de que lo lograríamos.
Pasaron dos largas horas gramponeando sobre nieve y hielo y repentinamente estuvimos en una pequeña meseta donde ya no veíamos nada para subir...el momento mágico había llegado y abrazados todos caminamos lo últimos metros con lagrimas en los ojos, hasta el pequeño pircado donde sobrevivía a duras penas una larga madera, todo lo que quedaba de una cruz. Abrazos, felicitaciones, gritos de júbilo y fotos por doquier borraron la fatiga instantáneamente. Yo recordé a mis seres queridos y lamente que en esta oportunidad no estuviera mi amigo y compañero de montaña Fabián González, en esos momentos en Mar del Plata, para disfrutar juntos ese momento.
Al oeste, desde nuestra cumbre observábamos a corta distancia el “Gran Riojano”, pico de majestuosas y bellas líneas, totalmente nevado. Su altura es levemente menor al “General Belgrano”, lugar donde nos encontrábamos nosotros.
Después de permanecer una hora en la cumbre, gracias al hermoso día que nos había tocado, emprendimos el descenso con un ritmo firme y sostenido, llegando a la Montura a las 17 horas.
Inmediatamente comenzamos a levantar el campamento y luego de armar nuestras mochilas partimos para la Lagunita, donde según lo planeado estaría esperando Paulo. Faltando todavía un buen trecho pudimos visualizar a lo lejos su silueta, dejándonos tranquilos de que no había faltado a la “cita”.
Nos recibió portando bajo su brazo un termo de café caliente y repartiendo a dieatra y siniestra abrazos, golosinas y felicitaciones. Seguimos el descenso, tras la breve pausa que nos permitió recuperarnos del duro esfuerzo, hasta llegar, ya con el sol ocultándose tras el horizonte, a la camioneta con la que nos trasladamos hasta La Mejicana, donde fuimos recibidos por Jaime, Mirta, Susana y el grupo de riojanos, que al enterarse de nuestro éxito compartieron con nosotros la inmensa alegría de haber hecho cumbre.”

El ascenso había sido de acuerdo a lo planeado y el Famatina nos había hecho conocer sus secretos de uan agradable forma. Si bien el esfuerzo fue sostenido logramos regular el ascenso para disfrutar todo el recorrido. Utilizamos la vía normal que recorre el filo SE y luego la llamada por algunos “pared Este”, que es un largo nevero sobre la cara oriental del pico General Belgrano. Durante la segunda parte del ascenso fue necesaria la utilización de grampones y piqueta.
Habíamos partido del campamento de la Montura a las 8,15 hs. ya con el sol arriba. Hollamos la cumbre a las 13,15 hs. y permanecimos allí hasta las 14,30 hs. El GPS indicó una altura de 6142 metros, que coincide con otras mediciones con igual sistema. La altura oficial del IGM es de 6097 metros.
En la cumbre encontramos el testimonio de nuestro amigo Horacio Sánchez, que había ascensido la máxima altura de los Nevados de Famatina durante un intento de travesía de todas las cumbres del cordón.

“Pasados los primeros momentos de euforia, Jaime nos hizo saber que ese mismo día junto a dos andinistas riojanos habían ascendido varios picos de la cadena virgen que ellos bautizaron cordón de las Llaretas, habiendo alcanzado la máxima altura a mas de 5000 metros, imponiéndole el nombre de Patrono San Pedro en honor al santo de Famatina.
Después de habernos comido “todo” y tras largas conversaciones, fuimos introduciéndonos en nuestras bolsas de dormir donde el sueño reparador se hizo presente”

El 21 de marzo de durante la mañana bajamos por el cauce del río Amarillo y luego por la huella minera hasta el pueblo. El recibimiento fue mucho mas efusivo de lo esperado. La gente nos preguntaba por la calle sobre la suerte de la expedición. Todo el pueblo había estado expectante de la suerte corrida por nosotros. En realidad era la primera vez que nos ocurría esto, ya que ni siquiera en nuestra ciudad habíamos despertado tanto interés.
El hecho era que para el pueblo de Famatina, era realmente importante que un famatinense hiciera cumbre, ya que frente al éxito de sus vecinos de Chilecito el único logro local hasta la fecha era bastante sobrio. Junto a nosotros había hecho cumbre Adrián Carneiro, segundo oriundo del pueblo en la cúspide, de allí tanto entusiasmo.
Realmente estábamos alegres por la cumbre y por el entusiasmo despertado en Famatina. Llegamos a la Secretaría de Turismo y fuimos recibidos por su titular. Allí nos informó que en la radio local nos estaban esperando para hacernos una nota y además el intendente nos invitaban un chivito. La verdad no lo podíamos creer: éramos famosos e íbamos a comer gratis. La cuestión que fuimos a la radio, nos entrevistaron, luego a Jaime en su carácter de presidente de la Unión Panamericana de Asociaciones de Montañismo y Escalada.
Luego del almuerzo regado por un buen vino famatineño, vimos el video que filmara la secretaría de Turismo en oportunidad de nuestra expedición. Comenzamos con las despedidas que realmente se hicieron duras. Primero Jaime, Mirta y Susana. Luego los amigos de Famatina. Cada uno había ganado un lugar en nuestras vidas, como nosotros habíamos ganado un lugar en la vida de ellos. Los recuerdos del Encuentro de Montaña del año anterior afloraban y los nuevos amigos aguardarían nuestro regreso.






RESTOS INCAS. (*)

Durante nuestro ascenso al Socompa tuvimos oportunidad de descubrir vestigios incas. Donde instalamos nuestro segundo campamento encontramos gran cantidad de leña. Luego, en Salta, Alejandro Giménez nos contaría que durante su primer ascenso en ese lugar había varios atados. Desde aquí se aprecia el Llullaillaco en toda su magnitud elevándose desde las entrañas de la puna.
Dentro del cañadón que conduce a la cumbre hay una pequeña construcción bien conservada apoyada en la pared que cae del contrafuerte sur. Es un excelente mirador y domina el paisaje hacia el NO.
(*) Según el prestigioso Antonio Beorchia Nigris son restos incas.

LA PACHAMAMA.

En todo el norte se respeta a la madre tierra ofrendándole siempre el primer trago o bocado de lo que se valla a tomar. Por otro lado se erigen apachetas en lo alto de las abras o en las mismas cumbres. Cada viajero que pasa por allí debe ofrendar algo y agregar una piedra a la pirca.

LLULLAILLACO: el rey gélido de la puna

En uno de los climas más riguroso de la cordillera de los Andes, donde el viento está presente siempre, y la sequedad del aire helado momifica cualquier vestigio de vida, reina el monarca de la Puna: el Llullaillaco.
Entre la inmensidad de salares, volcanes de mas de 6000 metros y restos precolombinos yergue su majestuosa figura desafiando a andinistas y científicos a desentrañar sus secretos.

Introducción:
Todo montañista de altura ve en el Llullaillaco un preciado objetivo deportivo, pero tarde o temprano todos los que caminan sus laderas, coinciden en que el misticismo y los secretos precolombinos es lo que hace única la experiencia vivida en el cerro.
Siempre creí que el título apropiado para una nota sería relacionado con esos sentimientos, pero el hecho de ser los primeros argentinos en dirigirnos a él, luego del paso de Johan Reinhard y la Expedición de la National Geographic, hizo que esa certeza cambiara. Por eso, quizá influenciados por los dolidos espíritus de la gente que vive en la Puna y siente que las momias fueron robadas de la cumbre, sentimos más apropiado hablar de “la montaña gélida”, por el frío que soportamos y por el que se percibe por la ausencia de las ofrendas, que los incas depositaron para siempre y en 1999 fueron bajadas.

El Volcán:
De difícil traducción, principalmente son dos los significados que se le asignan a la expresión quechua Llullaillaco. Una posición indica que sería “laguna cenagosa”, de llullu: cosa blanda, fofa y yaco: agua. Otra indica que el significado sería “agua mentirosa”, de llullai o llulla: mentir, engañar y yaco o llaco: agua.
El primer ascenso deportivo, como él mismo lo denominó, lo realizó el andinista chileno Bión González León, junto con su compañero Juan Harseim. Pisaron el punto mas alto a las 19.20 del 1ro de diciembre de 1952, luego de caminar desde las 5.30 hs. Además de ellos, la expedición estaba integrada por dos andinistas mas, que los esperaron en el campamento de 5500 mts.
En la cumbre encontraron leña y Harseim vio un pedazo de cuero en la grieta donde depositaron el testimonio.
Atrás quedaron serios intentos por alcanzar la cima y estudiar los restos arqueológicos. La primera expedición histórica data de 1938 y fue organizada por Jorg y Mazza. Fueron en búsqueda de la “chúngara”, caverna donde los incas guarecían las arrias de llamas en su paso a través de los Andes. En 1950 y 1951 se realizaron dos intentos (Alonso y Dangl respectivamente) y finalmente la cumbre es alcanzada en 1952. En 1953 Hans Rudel realiza la segunda ascensión perdiendo la vida Nendel en el glaciar oeste. En 1954 vuelve el alemán al frente de una gran expedición apoyada por Perón, realizando importantes estudios. En 1958 y 1961 Mathias Rebitsch dirige su grupo al misterioso volcán. En 1971 el Dr. Orlando Bravo y en 1974 Antonio Beorchia Nigris realizan descubrimientos relevantes. Johan Reinhard asciende en 1983, 1985 y 1999.

De San Antonio a Tolar:
Casi una semana de descanso y monótonos días transcurrieron en San Antonio de los Cobres, esperando a Alejandro Giménez que llegara desde Salta, para unirse a nuestro grupo. Luego del ascenso al Socompa aguardábamos confiados el gran desafío que representaba el Llullaillaco y hacíamos cálculos de distancias y tiempos. Con el informe de Jaime Suárez en nuestras manos especulábamos con lograr el éxito que la expedición que él dirigiera en 1995 había tenido sobre nuestro objetivo. Como siempre, antes del intento a una de las más altas cumbres de occidente ultimábamos detalles, revisábamos todo una vez mas y tratábamos de recabar la mayor cantidad de información posible.
Pese a haber recorrido casi la totalidad de las calles, haber cruzado por el frente de las 769 construcciones y prácticamente saludado a los 3441 habitantes, todos coincidimos que lo más saludable, además de la hospitalidad puneña, eran las milanesas y empanadas de Víctor (sin olvidar la cerveza, que nunca llegó a confundir nuestras ideas pero sí a alegrar las frías noches)
Finalmente el 26 de abril, luego de “escalar” el viaducto la Polvorilla, visitar las termas de Pompeya y un intento fallido de pesca en el río San Antonio de los Cobres, inducidos por los militares que aparentemente conocían los secretos de los meandros del lugar, partimos de la ex capital del Territorio Nacional Los Andes.
Luego de unas horas de viaje llegamos a Tolar Grande. Llenamos el tanque y los bidones extras de Gasoil y continuamos hacia la cueva de sal, conocida como “el paso del hombre muerto”.
Comenzamos a atravesar el salar de Arizaro y luego giramos rumbo sur. La sequedad del ambiente y el viento frío hacían más remoto e inhabitable la inmensidad de la puna en ese recodo. Aquí el blanco del salar se ve salpicado por conos de sal coloreados, que alcanzan alturas de casi cincuenta metros. En la base de uno de ellos, encontramos la casi imperceptible entrada a al cueva. Por lo que apreciamos, un hilo de agua talló a lo largo de la historia, una gruta comunicada con el exterior por dos túneles que hay que atravesar arrastrándose entre el barro. El espectáculo en su interior es grandioso con estalactitas y estalagmitas de un blanco perfecto. La oscuridad es absoluta y solo se quebró por los haces de luz de nuestras linternas. Salimos luego de fotografiar el extraño lugar y rodeamos caminando el cono. Ya anocheciendo emprendimos el regreso a Tolar Grande. A poco de andar pinchamos una cubierta a manos de los filosos cristales de sal y decidimos pasar la noche en el poblado para reparar las ruedas.
Vimos el partido por las eliminatorias de Argentina (ganó 4 a 0 a Venezuela) y cenamos en una casa donde sus propietarios venden comida y bebidas.

Mina Arita.
Al otro día, nos levantamos y partimos hacia Mina Arita, con la idea de luego continuar hacia Caipe o La Casualidad.
La senda discurre por Arizaro y hay veces que se pierde entre las duras rocas saladas. Luego de 65 km. llegamos a la abandonada mina de ónix y conocimos a Carlos Rodríguez. Nos explica que no cuida sino que vive allí. Que la explotación concluyó en 1980 y él habita desde 1970. Trabajó 10 años como minero y luego se quedó ya que no quiso volver a la civilización. No baja a Tolar Grande desde hace años y solo tiene contacto con el mundo externo a través de la radio AM que cuida como un tesoro. Al no haber agua tiene que caminar 4 km. en busca de ella y acarrearla con sus burritos. Sobrevive cazando vicuñas y con los regalos que le hacen los visitantes.
Recorrimos el lugar y compartimos un rato con Carlos. Le preguntamos por parajes cercanos a su casa y luego decidimos ir a conocer el cono de Arita. El extraño cono se levanta del salar y llega hasta los 3689 metros. En la cumbre hay una placa recordando el esfuerzo de los pioneros de la explotación.
Varias anécdotas quedaron de lo vivido en la mina y luego de haber permanecido varias horas por aquellos parajes, regresamos hacia la ruta 27 para continuar hacia Caipe.
Unos kilómetros mas adelante una nueva pinchadura cambiaría el rumbo de la expedición. Con los dos auxilios pinchados la única opción que teníamos era volver a Tolar.
La sorpresa sobrevino cuando el único gomero anunció que una no tenía arreglo y la otra él no la podría reparar. Decidimos entonces quedarnos y aprovechar a seguir probando comida civilizada. Otra vez milanesas, papas fritas y cerveza para festejar. Fabián y Alejandro parten hacia San Antonio de los Cobres para solucionar el problema de las pinchaduras. Toni aprovecha a volver, ya que debido a los percances, calcula que no llegará a Mar del Plata a tiempo para cumplir con sus obligaciones. Pepo se va a dormir temprano afectado por un malestar físico. Con Mariano nos quedamos tomando mas cerveza y haciendo nuevas amistades. Los temas van variando y las botellas van cayendo. Truco, anécdotas, viajes y especulaciones sobre quien ha recorrido mas montañas en la cordillera, nos llevan horas de amena reunión.
Al otro día nos despertamos con la llegada de los chicos con las cubiertas reparadas y nos quedamos en Tolar otro día.
El malestar de Pepo se agrava y pasa todo el día acostado. Por nuestra parte seguimos comiendo y jugando al truco. Ya somos amigos de la mitad del pueblo y a la noche compartimos la cena con el médico y varios ferroviarios. Hablando con el doctor de nuestras intenciones, nos cuenta que tiene el video de la expedición de Jaime Suárez. Rápidamente nos trasladamos a su casa para verlo y vivimos anticipadamente los momentos que vendrían.
Al otro día nos levantamos temprano, acondicionamos todo, cargamos 120 litros de agua en la misma canilla que la noche anterior viéramos que lo hizo la expedición de Jaime y compramos algunas cosas para el viaje.
Voy solo al único almacén y la dueña, una señora de unos 65 años, arrugada por la dureza de la puna, me cuenta que vive con el marido que es jubilado del Ferrocarril y que ya el negocio no deja ni para vivir. Luego me pregunta si somos mineros. Ante mi respuesta que solo somos escaladores en busca de la cumbre del Llullaillaco, me pregunta que es lo que vamos a traer. Nada, solo lo vivido en la lucha por alcanzar la cima. No me cree y charlamos un rato mas hasta que se da cuenta que es verdad. Se nota lo dolidos que están todos por aquí, por el accionar de Reinhard al bajar las momias.
Pepo decide volver a Mar del Plata y aprovecha a bajar en una camioneta que viene de Samenta.

Hacia el campo Base.
Somos solo cuatro los que subimos al vehículo para salir hacia Caipe. Cruzamos una vez mas el rígido mar salado de Arizaro. Viento, aridez y dureza reinan allí. Los pozos hechos por los arrieros para refugiarse del helado aire es lo único que rompe con la monotonía del salar. Las altas montañas se yerguen altivas en el horizonte. En nuestro vehículo el silencio solo da lugar a nuestras reflexiones. Por nuestras mentes pasan los próximos días. El frío y el viento van a ser una gran barrera que superar. Vamos a estar en mayo cuando comencemos el asalto al rey de la puna. Seguimos absortos en nuestros pensamientos cuando llegamos a Caipe. Recorrimos la estación encontrando paso a paso elementos antiquísimos y perfectamente conservados, pese a que ya no funciona.
Giramos rumbo a La Casualidad dejando a nuestra derecha la herradura de Caipe, sus ruinas incas y las leyendas sobre ella.
Mas adelante con la visión del salar del Río Grande llegamos al portal de La Casualidad.
Sin entrar y con una cuota mas de abrigo seguimos hacia la base de nuestro cerro. Rodeamos la salina de Llullaillaco y faldeamos el cerro Rosado (5483 mts.) llegando al campamento de cine (4600 mts.). Recuperamos el porteo de comida y materiales y continuamos fuera de la senda hacia el Campo base. Una hora y quince minutos después luego de varias subidas duras entre grandes piedras y terrenos arenosos llegamos al lugar indicado.
El sitio está en la base misma de la falda ENE del volcán. El suelo es arenoso y hay un caos de grandes piedras aquí y allá. Bajan dos espolones directamente de la cumbre, marcando entre ambos la ruta lógica desde éste punto. A unos doscientos metros está el cementerio que estudiara Beorchia Nigris en 1974. Dieciséis tumbas dan lugar a innumerables conjeturas acerca de las causas de las muertes. Como conclusión se afirma que seguramente pertenecen a una cultura puneña súbdita de los incas, muertos por frío en la altura, bajados congelados y enterrados sin ajuar en la base del cerro. La posición de los cuerpos así parece indicarlo.
Armamos una carpa para comer y estar durante los días que permanezcamos en el base y otra para que duerman Ale y Fabián. Cenamos picada y tomamos mate hasta la 1:30 hs. alumbrados por velas.
Durante la noche la temperatura bajó a 9º bajo cero y se sintió el frío.
El 30 de abril amanece nublado y la tendencia del barómetro baja 3 milibares. Mariano y Alejandro van en busca del Tambo inca (asentamiento intermedio hacia la cumbre), encontrándolo luego de varias horas de caminata, en los 5200 mts. Sacan gran cantidad de fotos a la decena de recintos de piedra y vuelven al campamento.
Durante la noche hizo mucho frío y se levantó un fuerte viento que si bien baja aún mas la sensación térmica, barre las nubes que nos cubrieron durante el día.

El ascenso.

Amaneció claro. En el aire se percibía el nerviosismo y la intriga que se respira antes de iniciar un ataque. El viento era fuerte y estabamos envueltos en nuestros trajes rompevientos.
Acondicionamos lo que quedaba y encolumnados y en silencio comenzamos el ascenso. El avance era rápido y notábamos que la aclimatación era óptima. Sobrepasamos el primer lomo y vimos a lo lejos el lugar utilizado por la expedición de Jaime Suárez como asentamiento de su primer campamento.
En dos horas y cuarto llegamos al sitio establecido (5300 mts.) y montamos las tiendas. El frío era intenso y sentíamos que el viento nos arrebataba el calor corporal. Unos penitentes fueron la fuente de agua esa noche y aprovechamos a hidratarnos correctamente mediante la ingestión de litros de té, mate y sopas varias.
Esa noche, envueltos en las bolsas luchamos por conservar algo de calor y no apoyarnos demasiado en las escarchadas paredes de la carpa.
El amanecer nos encontró confiados en alcanzar nuestro objetivo y dispuestos a afrontar otra jornada dura de montaña.
Levantamos el campamento y a buen ritmo nos dirigimos hacia la pirca de los 5500 mts. En una hora la alcanzamos y descansamos un rato buscando vestigios de la cultura incaica. El lugar magníficamente descripto por Beorchia Nigris, Rebistch y Suárez parecía familiar y sentíamos que ya habíamos estado allí.
Continuamos hacia el campo II y finalmente lo establecimos sobre el filo SE, entre las extrañas formas descriptas por la lava solidificada, en el margen de una laguna congelada. Éste lugar fue utilizado por Reinhard en su expedición, como único campamento de altura. Se encuentra levemente mas bajo que el de Jaime pero mucho más reparado del viento y con posibilidad de derretir hielo de la laguna.
Describir el frío sería en vano, ya que fue prácticamente insoportable y el viento azotó las carpas toda la noche. Por nuestra parte nuevamente nos hidratamos correctamente y cenamos sopa de fideos.
A las 5.30 estábamos listos para partir pero la ausencia de la luna, acompañada del implacable frío, la demoró hasta las 7.00 hs. En mi diario, sobre el clima de esa mañana, anoté frío grave. Creo que es una descripción aproximada a la realidad.
El avance era lento y luego de una hora Alejandro decide volver al campamento. Continuamos elevándonos y perdemos la sensibilidad de pies, manos y nariz. La respiración se congela en la barba y las capuchas cerradas. De la nariz caen sin control, ya que no la sentimos, gotas que se congelan antes de llegar al bigote. La campera se pega a la piel de la cara por efecto de la humedad congelada.
La pendiente es pronunciada y finalmente llegamos al filo (6250 mts.) que cae desde el roquerío paralelo al sarcófago. Continuamos por el otro lado del mismo buscando el col tratando de protegernos de los latigazos del viento. Vemos que se acerca una tormenta desde el oeste. Observamos los leños aquí y allá diseminados como lo describen en sus respectivos informes nuestros predecesores, pero nuestro único horizonte es el lejano collado. El aire nos sobra pero el frío nos acobarda.
Al alcanzarlo (6550 mts.) sentimos que la cumbre era nuestra. Una construcción pircada se apodera de nuestros sentidos al llegar y descansamos en la magnífica atalaya que vigila todo desde la altura. A lo lejos el Socompa nos recuerda nuestra reciente ascensión. Observamos el campamento base y el de cine. La pirca está reparada y tiene leña almacenada. Pese a que todos los que han pisado y estudiado el Llullaillaco ya lo han dicho no podemos dejar de admirar a los incas por tan sólidas construcciones a tanta altura. La tormenta avanza y las nubes cubren a veces la cumbre.
Luego de unos tragos de té y un caramelo continuamos el ascenso directo a la cima. El hielo tapiza el trayecto y no encontramos el zigzag del inca que sabemos que existe en esa altura. Sentimos el triunfo cerca, pero el duro hielo nos obliga a rodear un sector ya que no tenemos crampones. Unos pasos mas y una gran roca se entromete entre mis ojos y la cumbre. Cuando la rodeo estoy casi frente a las construcciones más altas del mundo a 6710 metros. Me emociono y le grito a Mariano ¡estamos en las pircas!. Se me mezcla todo, recuerdo a mis hijos, a mis compañeros de montaña y lo que significa el mágico rey puneño. Paso a paso escalo los últimos metros y dejo los bastones para asirme de las rocas que llevan a la cúspide.
El viento nos envuelve y estamos en medio de la tormenta.
Los tres abrazados nos arrastramos por la laja inclinada que nos señala el fin el camino. Está la caja metálica que contiene los testimonios (que considero, salvo mejor información, que es la que depositó Bión González durante el primer ascenso deportivo), la piedra inclinada y la rajadura en la roca que describe Harseim en el primer éxito contemporáneo. Son las 16.15 hs.
La emoción es inmensa. Filmamos y sacamos fotos. Comienza a nevar y no podemos ver nada porque las nubes ya cubren todo el Llullaillaco. No es posible hacer andar ninguna de las lapiceras que llevamos y las manos enfundadas en los guantes son torpes para manipular los objetos que encontramos en la caja. Leemos los nombres de los integrantes de la expedición de la National Geographic, de alemanes e italianos. Dejamos nuestro testimonio y retiramos un banderín de los germanos.
Rápidamente corremos hacia abajo empujados por la tormenta. Nos detenemos brevemente en las pircas, sacamos unas fotos y continuamos. En el col recuperamos lo que dejamos y continuamos hacia abajo.
En una hora y media estamos en el campamento II. Ya con Alejandro desarmamos todo y corremos hacia abajo en medio de la tormenta.
Luego de dos horas de caminata sin detenernos llegamos ya de noche al base (20,30 hs.)
Al otro día sin poder ver al Llullaillaco por la tormenta desarmamos el campamento, dejamos todo tal cual lo encontramos, juntamos la basura y con los hombros blanqueados por la nieve nos subimos a la camioneta y volvimos meditando hacia San Antonio de los Cobres. Cuanta historia y cuanta vida en las laderas de la misteriosa montaña. Cuantos sueños liberados, cuantas preguntas y cuantas respuestas. Una vez mas el rey de la puna había dejado que hollaran su cumbre.








POSICIÓN GEOGRÁFICA:

Es la octava altura de América, siendo la mas alta de la Puna que geográficamente comienza en la cordillera de San Buenaventura al norte del paso de San Francisco. Su cumbre es la mas alta de la provincia de Salta. Es un volcán apagado habiendo sido su última erupción en 1877, llegando sus cenizas hasta la ciudad de Salta.
Se alza en el límite con Chile en los 68º 33’ O y 24º 43’ S.
Posiblemente existen tres rutas de ascenso además de la Inca. La de la faz oeste desde la vega Zorritas a través del ventisquero oeste (ruta del primer ascenso deportivo). La de la vertiente argentina que parte desde el cementerio (la que recorrió nuestra expedición) y la ruta sur que discurre por los campos nevados que caen en la cara meridional del volcán.


SANTUARIO DE ALTURA:
Beorchia Nigris afirma que pudo haber sido una montaña sagrada en los tiempos anteriores a la conquista de los incas. Luego éstos la habrían incluido en su complejo de santuarios de altura. También se afirma que las fogatas realizadas en la cumbre y en otros sitios, tenían fines rituales, mientras otros, como Rebistch, dicen que eran para realizar señales de humo entre el camino de la costa y el del altiplano.
Sin dudas en el Llullaillaco se hicieron ofrendas al sol, pero Reinhard cree que seguramente no fue la razón más importante. Sin dudas el motivo principal fueron los ritos a la fertilidad pese a la pobre importancia del cerro como dispensador de agua.
Las momias halladas en 1999 por la expedición de la National Geographic Society confirma la tesis elaborada por el investigador acerca de las ofrendas de niños en los santuarios de altura. En el Llullaillaco se encontraron en increíble estado de conservación tres momias que corresponden a un niño de 8 o 9 años, una niña de 8 y a una adolescente de 14. Seguramente las muertes se producían por congelación luego de que un fuerte narcótico adormeciera a los niños ofrecidos. No había muerte por golpes o sufrimiento en las víctimas, como se ha afirmado, y “ofrenda” es el término mas adecuado para reemplazar al difundido “sacrificio”. Para los pequeños y sus familias era un designio divino que cumplían con fe religiosa.
Los niños eran los elegidos por su pureza y el ritual se iniciaba en el Cuzco en presencia del Inca, desde donde se llevaban en procesión las ofrendas humanas hasta el santuario de altura para celebrar la ceremonia conocida como “capac hucha”. Generalmente eran niñas entre 8 y 12 años que eran elegidas por su belleza e inteligencia. Reinhard afirma que la clase social de las víctimas no era excluyente, ya que incluso los propios caciques habrían estado dispuestos a ofrecer a sus hijos al Inca.

INTEGRANTES:Formamos parte de la expedición Fabián González (29), Mariano Buenaventura (24), Alejandro Giménez (31) y Guillermo Almaraz (29) todos de Mar del Plata, menos Alejandro de Salta